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valor central de una cultura empresarial permeando múltiples áreas de la vida. En consecuencia, así
como la acción colectiva se ha vuelto más difícil, plantea el autor, el individualismo desenfrenado
encuentra su lugar como una condición necesaria para la transición del fordismo a la acumulación
flexible.
La identificación de la naturaleza de los cambios en el capitalismo flexible (posfordista) requeriría
una extensión más detallada sobre los debates en cuanto a los cambios/continuidades entre el fordismo
y la nueva etapa de acumulación flexible, más es de interés aquí realizar sólo una somera
caracterización, en la medida en que, como sostiene el autor, la acumulación flexible constituye una
mutación del capitalismo, pero da continuidad a algunas de sus características básicas, entre las cuales
se resaltan tres; 1.El capitalismo tiende al crecimiento, haciendo de la necesidad virtud (puesto que
tanto las ganancias como la acumulación sólo pueden garantizarse frente al crecimiento). 2.El
crecimiento aun depende de la explotación de la fuerza de trabajo3 en la producción: es decir, el
crecimiento siempre se funda en la brecha entre aquello que obtiene la fuerza de trabajo y aquello que
3 Como explica Antunes (2012) el trabajo inmaterial que ha surgido y se ha diversificado con la flexibilización en el
trabajo ha generado una disputa honda sobre lo que se conoce como “la crisis de medición del valor” la cual cuestiona la
definición de la propia esencia de generación de valor en términos marxistas. Si ya no hay posibilidad de medir el valor y
la ciencia informacional acaba sustituyendo al trabajo vivo, parece inevitable la desmedida del valor, reforzada por la
inmaterialidad del trabajo.
Antunes nota que estos postulados, al convertir el trabajo inmaterial en factor dominante y determinante del capitalismo
actual –desvinculándolo de la generación de valor-, terminaron obstaculizando la posibilidad de comprender las nuevas
modalidades y vigencias de la ley del valor, presentes en el proletariado de servicios, pero parte constitutiva además de la
creación de valor en todos los trabajos materiales. Y contrapone a ello que la tendencia creciente al trabajo inmaterial
expresa múltiples modalidades de trabajo vivo y por ende también partícipe en mayor o menor medida del proceso de
valorización de valor.
No sólo estas teorías –aclara- a menudo olvidan al tercer mundo hiperdimensionando el peso del trabajo inmaterial global,
sino también, y ya más en sentido analítico, en ellas se omite que la potencia creadora del trabajo vivo, la única generadora
de plusvalía asume tanto la forma de trabajo material como inmaterial, puesto que es el trabajo humano el que transfiere
en parte sus atributos subjetivos al nuevo equipamiento, objetivando actividades subjetivas. Antunes (2012) cita aquí al
mismo Marx diciendo que “son órganos del cerebro humano logrados por las manos humanas”.