3.1.7. Estrategias para suprimir la crimentalidad
En el nuevo Londres (sociedad de 1984), la crimentalidad es un crimen, por lo tanto,
el estado ha empleado una serie de estrategias que son comprendidas “en un proceso regu-
lable, conjunto de las reglas que buscan una decisión óptima en cada momento” (RAE, s. f.,
definición 3). Es decir, las estrategias se dan por una necesidad de controlar o regularizar las
acciones tomadas por un grupo de personas ante una circunstancia específica y estas surgen
como herramientas para obtener un mejor resultado.
En el contexto distópico de 1984 las estrategias para suprimir la crimentalidad son
las tácticas físicas y psicológicas que atormentan a los ciudadanos ante cualquier acción
que presenta atisbos de crimentalidad. Estas acciones se llevaban a cabo en el Ministerio
del amor (Minimor) que, al contrario de su nombre, es una entidad que busca disolver rela-
ciones afectivas y sexuales, también promueve la violencia y tortura hacia los ciudadanos
acusados de crimentales. Ante este panorama, se deduce una serie de estrategias de obstruc-
ción realizadas por el Hermano Mayor a través de sus aparatos gubernamentales. Por lo tanto,
se diferencian las tácticas físicas y psicológicas.
Tabla 10
Las estrategias de supresión físicas y psicológicas para crimentales empleadas en 1984
Estrategias para suprimir la crimentalidad
Físicas Psicológicas
Cuando el dolor de huesos se hacía insoportable se
levantaba y luego volvía a sentarse porque estaba de-
masiado desfallecidopara seguir en pie. (p. 265)
No hay nada peor que el dolor físico. Ante el dolor
no hay héroes, no hay héroes, pensó una y otra vez
mientras se retorcía en el suelo sujetándose el inuti-
lizado brazo izquierdo. (p.267)
Le habían abofeteado, retorcido las orejas, tirado
del pelo y obligado a sostenerse sobre una sola
pierna, no le habían dado permiso para orinar y le
habían deslumbrado con lucesmuy potentes hasta
hacerle llorar a lágrima viva. (p. 270)
Tengo mujer y tres hijos. El mayor aún no ha cumplido los seis años.
¡Cortadles el ante mis ojos y no diré nada! ¡Perono me llevéis a
la habitación 101! (p. 294)
Las mujeres del Partido eran todas iguales. La castidad estaba tan
arraigada en ellas como la lealtad al Partido. Un minucioso con-
dicionamiento temprano, los juegos y las duchas de agua fría, las
bobadas que les inculcaban en el colegio, en los Espías y en la Liga
Juvenil, las conferencias,los desfiles, las canciones, los eslóganes y
la música militar habían extirpado de ellas ese sentimiento natural.
(p. 76)
—¿Cuántos dedos, Winston?
—Cuatro. Creo que hay cuatro. Vería cinco, si pudiera.Me
esfuerzo por ver cinco.
—¿Qué prefieres: convencerme de que ves cinco o verlos
de verdad?
—Verlos de verdad. (pp. 280-281)