
369
Índice
no podía tener demora. En cuestión de semanas, el MRBM quedó
vertebrado por todo el país a partir de tres divisiones: la investigativa,
la legal y la administrativa. Pese a las fabulosas riquezas ocupadas
en circunstancias realmente excepcionales, en un país en ebullición
revolucionaria, Faustino logró rodearse de compañeros de honestidad
a prueba de los más fabulosos sobornos. La actuación de los funcio-
narios del MRBM estuvo fuera de toda sospecha de corrupción en el
tiempo que duró su labor.6 Ello sólo era posible teniendo un ministro
de la integridad y responsabilidad de Faustino.
Para finales de noviembre de 1959, al ser sustituido Faustino, ha-
biéndose gastado poco más de un millón de pesos en el funcionamiento
y las operaciones del organismo, logró recuperar, expresado en dinero,
una colosal cifra que oscilaba cercana a los cuatrocientos millones
de pesos. Se había radicado en el país cerca de once mil quinientos
expedientes, afectando a unas seis mil cuatrocientas personas. La
provincia de La Habana acaparaba la mayor parte: ocho mil quinien-
tos expedientes, con tres mil novecientas personas involucradas. A
los veinte millones de pesos entregados por Faustino el 26 de julio
como aporte a la aplicación de la Ley de Reforma Agraria, se había
sumado otros cinco millones de pesos en efectivo. En bonos y accio-
nes fue recuperado cerca de dos millones de pesos. En gargantillas de
brillantes, vajillas de oro, pulseras y sortijas de esmeraldas, rubíes y
zafiros, alfombras persas, cristales y porcelanas, etc., muchas de las
cuales fueron subastadas, se recuperó otros dos millones de pesos.
Quedaron confiscados los centrales Washington, en Manacas,
Las Villas, y Andorra, en Artemisa, Pinar del Río, e intervenido el
Zorrilla. El central Washington era propiedad de Fulgencio Batista,
aunque legalmente aparecía a nombre de su instrumento para los
negocios sucios, José Pérez Benitoa. Fue evaluado, conservadoramente,
incluyendo las cerca de trescientas caballerías de tierra, en seis millo-
nes de pesos. El central Andorra, un verdadero complejo industrial,
era propiedad nominal de Gastón Godoy y Loret de Mola, aunque
“detrás de la cortina” tenían acciones la esposa de Batista, Marta Fer-
nández, el hijo del tirano, Papo, y un acólito, Amadeo López Castro.
6 Por supuesto, hubo alguna excepción. Sintomáticamente, el único hecho de tras-
cendencia de una supuesta corrupción involucró a René Ray Rivero, hermano de
Manuel, terminando trágicamente con su suicidio.