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construidos, como ya se dijo, en aquellos momentos de la historia de colectivos
humanos concretos en que la continuidad de la vida se vio amenazada por la
incapacidad de dar respuestas adaptativas, desde las construcciones culturales
existentes, a n uevas c ondiciones. El “ cuenco cultural” c omo r ealidad
delimitada y uni verso c errado d e s ignificaciones, nos d a l a s eguridad q ue
necesitamos, porque sus formas han sido definidas des de verdades que han
demostrado su capacidad para proteger la vida y salirse de él puede suponer
colocarse al borde del abismo de la incertidumbre.
De alguna manera la cultura es una especie de contenedor en el que se vierte
la realidad, determinando sus comprensiones, sus alcances y limitaciones, las
interpretaciones que se hacen de la misma y sus niveles de significación. Dicho
de otro modo, la cultura es el cuenco y la realidad es el líquido que se deposita
en él, adquiriendo ella la forma que define aquel, haciendo que la realidad sea
entendida y vista de l a m isma f orma, c on poc as pos ibilidades d e
transformación, en l a medida en q ue di cha r epetición es l a q ue garantiza l a
continuidad de l a v ida. Como di ce J ulio C ésar P ayán, l a r ealidad no es ot ra
cosa q ue “ el producto de nuestras racionalidades, necesidades, fetiches,
creaciones y propias lecturas de los fenómenos que ocurren a nuestro
alrededor.”41
Cuando los cambios no logran transformar los imaginarios atávicos que definen
las formas del cuenco, ellos terminan s iendo l eídos desde l as significaciones
existentes, construyendo un discurso, en apariencia distinto, pero que no llega
más allá llamar de forma diferente a lo ya existente, lo que podríamos nombrar
como “eufemismos culturales”. La mayoría de l os cambios están circunscritos
al ámbito del c uenco m ismo, q ue es tá c onstruido en un m aterial q ue tiene
niveles de flexibilidad, pero que n o d eja de determinarlos desde su s f ormas,
las voces a otro figurado, en función de una comparación tácita. Un tropo comporta el empleo de las
palabras en sentido distinto del que propiamente les corresponde, pero conservando con éste alguna
conexión, correspondencia o semejanza. La metáfora recurre particularmente al uso de la semejanza o
de la analogía. Las metáforas han jugado y juegan un rol importantísimo en el desarrollo del
pensamiento científico puesto que nos ayudan a desplegar nuestras formas de pensamiento analógico.
Se constituyen en imágenes que nos prefiguran, evocan y sugieren mecanismos y procesos sobre el modo
en que opera la realidad y a veces es posible mediante ellas, acceder a verdades más profundamente,
que como lo hace la ciencia”. Antonio Elizalde, Navegar en la incertidumbre, op. cit., p.34
41 Julio César Payán, op. cit., p.9