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Kv/1
Explosión
y
asesinatos
en
Enero,
terremoto
de
Gil,
para
Febrero,
si
el
año
sigue
así
para
Diciembre
oon
esta
humana
piel
hacen
curtiembre,
mientras
la
prensa,
lector,
como
lo
notas
con
las
penas
de
nos
calza
las
botasl
UN
LIBRO
DE
ALONE
El
señor
Omer
Emeth
se
preocupa
poco
de
los
libros
chilenos
desde
algún
tiempo
a
esta
parte.
¿Por
qué?...
Seguramente
porque
le
han
aburrido
las
majaderías
de
los
literatos
y
los
chismes,
que
nunca
faltan,
encargados
de
enturbiar
el
agua
limpia
de
la
buena
amistad...
Pero
ha
sido
injusto
su
olvido
de
e>La
ampara
en
el
Molino.),
de
Halmar,
y
de
«La
Sombra
Inquieta.»,
de
Alone.
Son,
tai
vez,
las
obras
de
mayor
importancia
publicadas
en
estos
últimos
años,
y
es
casi
un
deber
del
critico
más
autorizado,
y
que
goza
de
prestigio
'más
sólido
entre
el
público,
no
dejar
pasar
en
silencio
las
obras
de
valer
de
nuestra
literatura.
Puede
atacarlas,
pero
no
olvidarlas.
Se
ha
dicho
que
la
obra
de
Alone
es
demasiado
personal:
que
figuran
en
ella
personajes
demasiado
conocidos,
y
que
fustiga
o
defiende
con
excesivo
calor
a
sus
«víctimas.»
—
¡Es
una
obra
de
clave!
—
han
dicho
algunos.
«Isolée'>,
la
heroína,
es
una
dama
de
nuestra
sociedad
ya
muerta,
el
Arroyo
es
un
joven
escritor
que
actúa
en
el
periodismo...
Y
continúa
la
enumeración
de
los
personajes,
uno
a
uno,
salpimentados
de
comentarios
y
de
pequeños
chismecillos.
Preguntan
algunos
con
alarma:
•
—
¿Hay
derecho
para
tomar
seres
que
aún
viven
y
pal
pitan
en
la
lucha
diaria?
Y
nosotros
diríamos
que
sí.
El
libro
es
una
simple
pro
longación
de
la
prensa
diaria.
¿Y
los
periódicos
no
se
toman
el
derecho
de
sancionar
los
hechos
públicos
y
privados
de
las
personas?
¿No
vemos
todos
los
días
relatar
las
intimi
dades
repugnantes
de
seres
que
hasta
ayer
merecían
el
res
peto
de
las
gentes?
Un
crimen,
—
el
de
la
calle
Lord
Cochrane,
o
cualquier
otro,
—
autoriza
al
cronista
para
exhibir
la
vida
íntima
de
una
mujer.
Allí
aparecen
los
nombres
de
sus
amantes;
sus
cartas
amorosas;
se
cuentan
sus
pasos
y
también
sus
inten
ciones.
Sin
embargo,
esa
literatura
repugnante,
mal
oliente,
torpemente
escrita,
sin
arte
y
sin
orden,
no
extraña
a
nadie,
y
desde
la
cocinera
hasta
la
dama
encumbrada,
devoran
las
sabrosas
noticias...
—
¡Es
que
la
prensa
representa
la
sanción
pública!
—
exclaman
algunos.
t
Sí.
La
«sanción
pública.»
Y
el
libro,
documento
cons
ciente,
elaborado
con
lógica
y
verdad,
con
arte
y
belleza,
¿no
puede
acaso
representar
la
«Sanción?»
Hay
crímenes
que
no
castigan
los
códigos.
Esa
trama
gorda
y
tosca
de
la
red
judicial
deja
pasar
robos
y
asesi
natos,
insidias,
bajezas
y
felonías
que
merecen
mejor
la
cárcel
que
el
infeliz
degenerado
que
mató
a
un
semejante
impulsado
por
el
alcohol
o
la
ignorancia.
El
novelista,—
historiador
del
presente,
—
recoge
las
sutiles
hebras,
desentraña
en
la
psicología
de
los
crimi
nales
y
en
los
deshonestos
que
actúan
en
su
escenario,
y
los
presenta
al
público,
explicados,
comentados
y
sinteti
zados
en
líneas
definitivas.
El
novelista
devela
opiniones
equivocadas,
desenmascara
al
hipócrita,
destruye
prejuicios,
enseña
y
explica
lo
que
la
mirada
superficial
no
tuvo
tiempo
de
comprender
en
la
precipitada
marcha
por
el
Gran
Camino.
Hernán
Díaz
Arrieta
ha
procurado
en
su
libro
«La
Som
bra
Inquieta»,
presentar
una
faz
de
nuestra
vida
santia-
guina.
Para
ello
eligió
tipos
conocidos
(¿habría
de
tomar
los
que
no
conoce?);
copió
sus
palabras,
sus
actitudes,
sus
gestos
más
elocuentes,
anotó
hechos
y
anécdotas,
y
con
todo
ese
material,
formó
una
trama
lógica
y
vivida,
que
interesa
más
que
una
novela,
porque
es
la
vida
misma.
Tal
vez
no
sea
esa
la
verdad
absoluta.
Pudo
el
artista
equivocarse;
ver
lo
que
no
existe...
Pero
¡qué
importa!...
Ha
visto
la
verdad
de
él.
La
verdad
de
él,
y
la
mía,
unida
a
la
del
vecino
de
enfrente,
nos
darán
la
realidad
completa,
ya
que
todas
las
cosas
humanas
tienen
variaciones
pris
máticas
infinitas!
Acaso
yo
conozca
a
alguno
de
los
protagonistas
de
«La
Sombra
Inquieta»
y
los
haya
visto
en
distinta
forma.
No
ha
sido
culpa
de
é¡,
ni
mía,
seguramente.
Esos
protago
nistas,
seres
nerviosos,
impresionables,
que
sabían
plasmar
su
espíritu
multiforme
a
la
idea
que
se
formaban
de
las
personas
y
del
ambiente
que
los
rodeaban,
se
presentaron
en
distinta
forma
para
él
que
para
mí.
Pero
lo
que
no
se
puede
discutir
en
la
reciente
obra
del
señor
Díaz
Arrieta
es
la
forma
en
que
ha
encarnado
sus
pensamientos.
Es
un
estilo
sobrio,
sencillo,
preciso,
que
tiene
sutilezas
para
expresar
lo
indefinible
y
rudas
in
flexiones
para
traducir
la
materialidad
de
ciertos
momen
tos.
Díaz
Arrieta
es
un
artista
y
su
espíritu
delicado
se
des
taca
sobre
sus
visiones
con
una
pureza
que
envidiaría
un
místico.
Más
que
el
tipo
de
Isolée
se
levanta
el
inmaterial
afecto
del
amigo,
su
perseverancia
y
su
elevación
para
juzgar
las
cosas
del
sentimiento.
Eso
es
lo
que
hay
de
per
durable
en
su
obra
y
lo
que
perfuma
castamente
las
pági
nas
del
libro.
Isolée
pudo
existir
o
nó.
Pero
lo
que
de
ella
pensó
y
lo
que
sintió
por
ella
un
hombre
noble
y
apasionado,
eso
es
lo
real
y
lo
que
no
podrá
morir
fácilmente.
Alone
puede
considerarse
contento,
porque
ha
logrado
un
doble
objeto:
hacer
obra
artística
y
aprisionar
una
etapa
de
vida
bella...
F.
S.
El
buen
ejemplo.
"
'y'XXÉ
i
^'y..^yy-M
.1
—
Susanita:
¡cómo!
¿has
embadurnado
tu
muñeca?
No,
mamá.
La
he
pintado
las
mejillas
con
el
mismo
color
que
usted
usa
todas
las
mañanas.
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Explosión
y
asesinatos
en
Enero,
terremoto
de
Gil,
para
Febrero,
si
el
año
sigue
así
para
Diciembre
oon
esta
humana
piel
hacen
curtiembre,
mientras
la
prensa,
lector,
como
lo
notas
con
las
penas
de
nos
calza
las
botasl
UN
LIBRO
DE
ALONE
El
señor
Omer
Emeth
se
preocupa
poco
de
los
libros
chilenos
desde
algún
tiempo
a
esta
parte.
¿Por
qué?...
Seguramente
porque
le
han
aburrido
las
majaderías
de
los
literatos
y
los
chismes,
que
nunca
faltan,
encargados
de
enturbiar
el
agua
limpia
de
la
buena
amistad...
Pero
ha
sido
injusto
su
olvido
de
e>La
ampara
en
el
Molino.),
de
Halmar,
y
de
«La
Sombra
Inquieta.»,
de
Alone.
Son,
tai
vez,
las
obras
de
mayor
importancia
publicadas
en
estos
últimos
años,
y
es
casi
un
deber
del
critico
más
autorizado,
y
que
goza
de
prestigio
'más
sólido
entre
el
público,
no
dejar
pasar
en
silencio
las
obras
de
valer
de
nuestra
literatura.
Puede
atacarlas,
pero
no
olvidarlas.
Se
ha
dicho
que
la
obra
de
Alone
es
demasiado
personal:
que
figuran
en
ella
personajes
demasiado
conocidos,
y
que
fustiga
o
defiende
con
excesivo
calor
a
sus
«víctimas.»
—
¡Es
una
obra
de
clave!
—
han
dicho
algunos.
«Isolée'>,
la
heroína,
es
una
dama
de
nuestra
sociedad
ya
muerta,
el
Arroyo
es
un
joven
escritor
que
actúa
en
el
periodismo...
Y
continúa
la
enumeración
de
los
personajes,
uno
a
uno,
salpimentados
de
comentarios
y
de
pequeños
chismecillos.
Preguntan
algunos
con
alarma:
•
—
¿Hay
derecho
para
tomar
seres
que
aún
viven
y
pal
pitan
en
la
lucha
diaria?
Y
nosotros
diríamos
que
sí.
El
libro
es
una
simple
pro
longación
de
la
prensa
diaria.
¿Y
los
periódicos
no
se
toman
el
derecho
de
sancionar
los
hechos
públicos
y
privados
de
las
personas?
¿No
vemos
todos
los
días
relatar
las
intimi
dades
repugnantes
de
seres
que
hasta
ayer
merecían
el
res
peto
de
las
gentes?
Un
crimen,
—
el
de
la
calle
Lord
Cochrane,
o
cualquier
otro,
—
autoriza
al
cronista
para
exhibir
la
vida
íntima
de
una
mujer.
Allí
aparecen
los
nombres
de
sus
amantes;
sus
cartas
amorosas;
se
cuentan
sus
pasos
y
también
sus
inten
ciones.
Sin
embargo,
esa
literatura
repugnante,
mal
oliente,
torpemente
escrita,
sin
arte
y
sin
orden,
no
extraña
a
nadie,
y
desde
la
cocinera
hasta
la
dama
encumbrada,
devoran
las
sabrosas
noticias...
—
¡Es
que
la
prensa
representa
la
sanción
pública!
—
exclaman
algunos.
t
Sí.
La
«sanción
pública.»
Y
el
libro,
documento
cons
ciente,
elaborado
con
lógica
y
verdad,
con
arte
y
belleza,
¿no
puede
acaso
representar
la
«Sanción?»
Hay
crímenes
que
no
castigan
los
códigos.
Esa
trama
gorda
y
tosca
de
la
red
judicial
deja
pasar
robos
y
asesi
natos,
insidias,
bajezas
y
felonías
que
merecen
mejor
la
cárcel
que
el
infeliz
degenerado
que
mató
a
un
semejante
impulsado
por
el
alcohol
o
la
ignorancia.
El
novelista,—
historiador
del
presente,
—
recoge
las
sutiles
hebras,
desentraña
en
la
psicología
de
los
crimi
nales
y
en
los
deshonestos
que
actúan
en
su
escenario,
y
los
presenta
al
público,
explicados,
comentados
y
sinteti
zados
en
líneas
definitivas.
El
novelista
devela
opiniones
equivocadas,
desenmascara
al
hipócrita,
destruye
prejuicios,
enseña
y
explica
lo
que
la
mirada
superficial
no
tuvo
tiempo
de
comprender
en
la
precipitada
marcha
por
el
Gran
Camino.
Hernán
Díaz
Arrieta
ha
procurado
en
su
libro
«La
Som
bra
Inquieta»,
presentar
una
faz
de
nuestra
vida
santia-
guina.
Para
ello
eligió
tipos
conocidos
(¿habría
de
tomar
los
que
no
conoce?);
copió
sus
palabras,
sus
actitudes,
sus
gestos
más
elocuentes,
anotó
hechos
y
anécdotas,
y
con
todo
ese
material,
formó
una
trama
lógica
y
vivida,
que
interesa
más
que
una
novela,
porque
es
la
vida
misma.
Tal
vez
no
sea
esa
la
verdad
absoluta.
Pudo
el
artista
equivocarse;
ver
lo
que
no
existe...
Pero
¡qué
importa!...
Ha
visto
la
verdad
de
él.
La
verdad
de
él,
y
la
mía,
unida
a
la
del
vecino
de
enfrente,
nos
darán
la
realidad
completa,
ya
que
todas
las
cosas
humanas
tienen
variaciones
pris
máticas
infinitas!
Acaso
yo
conozca
a
alguno
de
los
protagonistas
de
«La
Sombra
Inquieta»
y
los
haya
visto
en
distinta
forma.
No
ha
sido
culpa
de
é¡,
ni
mía,
seguramente.
Esos
protago
nistas,
seres
nerviosos,
impresionables,
que
sabían
plasmar
su
espíritu
multiforme
a
la
idea
que
se
formaban
de
las
personas
y
del
ambiente
que
los
rodeaban,
se
presentaron
en
distinta
forma
para
él
que
para
mí.
Pero
lo
que
no
se
puede
discutir
en
la
reciente
obra
del
señor
Díaz
Arrieta
es
la
forma
en
que
ha
encarnado
sus
pensamientos.
Es
un
estilo
sobrio,
sencillo,
preciso,
que
tiene
sutilezas
para
expresar
lo
indefinible
y
rudas
in
flexiones
para
traducir
la
materialidad
de
ciertos
momen
tos.
Díaz
Arrieta
es
un
artista
y
su
espíritu
delicado
se
des
taca
sobre
sus
visiones
con
una
pureza
que
envidiaría
un
místico.
Más
que
el
tipo
de
Isolée
se
levanta
el
inmaterial
afecto
del
amigo,
su
perseverancia
y
su
elevación
para
juzgar
las
cosas
del
sentimiento.
Eso
es
lo
que
hay
de
per
durable
en
su
obra
y
lo
que
perfuma
castamente
las
pági
nas
del
libro.
Isolée
pudo
existir
o
nó.
Pero
lo
que
de
ella
pensó
y
lo
que
sintió
por
ella
un
hombre
noble
y
apasionado,
eso
es
lo
real
y
lo
que
no
podrá
morir
fácilmente.
Alone
puede
considerarse
contento,
porque
ha
logrado
un
doble
objeto:
hacer
obra
artística
y
aprisionar
una
etapa
de
vida
bella...
F.
S.
El
buen
ejemplo.
"
'y'XXÉ
i
^'y..^yy-M
.1
—
Susanita:
¡cómo!
¿has
embadurnado
tu
muñeca?
No,
mamá.
La
he
pintado
las
mejillas
con
el
mismo
color
que
usted
usa
todas
las
mañanas.
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