
27
“En sus vastos horizontes reviven lo
de los pagos del ‘Rincón de Ajo’ o del
norte entrerriano, que fueron su niñez
y de su juventud. Rara vez el campo
arado, y por el contrario, casi siempre,
por no decir siempre, el campo bru-
to con su pasto puna en ‘montones’,
los lagunones con sus espadañas, lo
montes de talas o de ñandubais, po-
blados por el venado y la gama, las
garzas y el avestruz. Casi nunca apa-
recen los sembrados opulentos, los
rastrojos u el cardal inevitable, la es-
tancia moderna, el auto devorador de
las distancias, las trilladoras, la nueva
maquinaria que ha creado un nuevo
poblador. Los de Florencio Molina
Campos son los campos que pobla-
ron nuestro abuelos, sus modestas
estancias, los ranchos pobres del pa-
sado, de esa dorada Argentina, de
vida simple, pura y vigorosa, que se
entregaba por entero al mundo en la
plenitud de la esperanza, pero no son
los de la Argentina rural de hoy día,
tan complicada, tan heterogénea, tan
cosmopolita.
Hasta las diligencias, las pulperías,
son las galeras y las pulperías del pa-
sado. Hay que ir hoy muy lejos para
encontrarlas si es que se encuen-
tran. Hasta la misma ortografía de sus
nombres es de más de medio siglo
atrás. (…) Hacia todos los rumbos del
país , había galeras y pulperías en
profusión adornados de nombre que
eran una fecha patria, un accidente
geográco, un lugar lejano. El Sol de
mayo, La Patria, La Porfía, el Porvenir,
el Remanso, Kequén, el Pensamiento,
Caledonia, Sebastopol, La República,
La Unión, el Gualicho y tantos otros,
todos evocativos, pintorescos y poé-
ticos, a lado de los que suena hueca
la moderna toponimia” (Del Campo,
1950: X-XI).
Se comprende en esta lectura a qué
hace mención con la idea de un trata-
miento simple y brutal del gaucho en
su trabajo. Con la noción de lo brutal
el artista reere al campo sin arar pre-
vio al ingreso de la propiedad que lo
fragmenta y mensura y al desarrollo
industrial que tenderá a homogenei-
zar sus paisajes. La idea de lo brutal
busca referir a lo que su narrativa
considera como los primeros pobla-
dores de la nación. Sus paisajes lejos
están de las llanuras amplias y vacías
que describe Facundo o civilización
y barbarie en las pampas argentinas
(Domingo F. Sarmiento, 1845), por el
contrario se muestran habitados y di-
versos.
FMC trae a su presente un tiempo
que es cada vez más pasado, se trata
de personajes y prácticas que progre-