
Ju
li
o
Césur
que comienza con
la
elaboración
del guión y t
er
mina con el
111
0n-
taje definitivo del
film"
(6). We-
ll
es pod
rí
a haber com
pa
rtido
pl
e-
namente esta aseveración de su
colega, si
bi
en a
mb
os poseen
un
es
tilo propio que confro
nt
a
rí
a "el
suntuoso barroquismo del
pri
me-·
ro contra la sustanci
al
'e
du
ca-
ción' d
el
encuadre y, sobre tod
o,
de los movimientos de cámara
del segundo (también barrocos,
más de espíritu que de concep-
ción visual); el dominio de la
ima
ge
n contra el de la palabra"
(7). O, si se pre
fi
ere, la m a ni
fi
es-
ta oposición entre la stravaganza
de Mankiewicz prese
nt
e en Eva
al des
nudo
o Mujer
es
en Ve-
n
ec
ia y "el grotesco de Welles
(pienso en el macroscó
pi
co ejem-
plo de Sed de
mal
), que destila
IIIW
se
nsación de turbación, una
cons
tm
cción de naturaleza absur-
da res
pe
cto a los tonos de lo
real" (8).
NOSFERATU
38
l.
Et tu, Houseman?
Entre los numerosos eje
mpl
os
qu
e
ilus
tr
an las corr
es
po
nd
encias
qu
e
un
en las
tr
ayecto
ri
as
de
We
ll
es y
Mank.iewicz,
Julio
César oc
up
a
un lugar particularmente significa-
ti
vo.
D
es
pu
és de h
ab
er abie
rt
o la
tempora
da
del Federal Theatre en
Harlem con
un
heterodoxo
Ma
c-
be
th
inter
pr
etado por actores n
e-
g
ro
s, el prime
ro
in
aug
ur
ó
la
s acti-
vidades de su
nu
eva compañía, el
Merc
ur
y Theatre, con otra adap-
tación shakesp
ea
ri
ana que
vo
lvía
a huir de los márgenes conven-
cionales. Caes
ar
se estrenó en
Nueva
Yo
rk el 1 1 de noviembre
el
e 1
93
7 c
on
un vestua
ri
o
el
e corte
contemporáneo que acen
tu
aba los
parale
li
smos entre la atroz
lu
cha
por el poder en la Roma I
mp
erial
y las int
ri
gas políticas en la
It
a
li
a
fa
scista
el
e Mussolini. Mientras
Joseph Ho
ll
a
nd
-
un
actor física-
mente
mu
y parecido al dictador
it
aliano-
in
terpretaba el papel de
César, Orson Welles prescindía
de la experiencia que había adq
ui
-
rido como Casio y
Ma
rco Antonio
en
una anter
io
r versión juvenil de
la
m
is
ma ob
ra
para encarnar aho-
ra
a Bruto, el joven
id
ealista que
par
ti
cipa
en
el asesinato del
di
c
ta
-
dor para después suicidarse, de-
cepcionado
po
r una acción
qu
e él
creía haber cometido en
fun
ción
de una noble causa. George Cou-
louris
(M
arco Anto
ni
o), Joseph
Cotte
n (Publio
),
Martín
Gab
el
(Casio) y Hir
am
Sherman (Casc
a)
-
fi
eles componentes
ele
la comp
a-
iiía
el
e repa
rt
o
qu
e Welles manten-
dría cohesionada hasta el rodaje
el
e El e
nart
o
mandami
ento (The
¡\lfagn{ficent Ambersons, 1
942)-
co
mpletaban el reparto
el
e una re-
presentación en la
qu
e
lo
s pers
o-
najes, ataviados con uniformes
militares, saludaban con el brazo
en alto.
En un
co
muni
ca
do
de
prensa
emitido
po
r el Mercury se a
fi
rma
que ''nuestro Julio César ofrece
1111
retrato del mismo tipo de his-
teria que existe en algunás países
contemporáneos gobemados
por
dictadores. Observamos el amar-
go resentimiento de los hombres
libres
fre
nte a
la
imposición de
una dictadura.
Co
ntemplamos
1111
asesinato político, c
omo
el
de
Huey Long.
Ve
mos la esperanza
por parte de
Bmto
de que
1111
go-
biemo
más democrático desapa-
rezca con
la
ascensión de
un
de-
magogo (Antonio) que suceda a
1111
dictador. Nuestra
1110ral
,
si
lo
desean, es que no es el asesinato,
sino la educación de las masas,
lo
que pennanentemenle aparta a
las dictaduras".
La
dirección es-
cé
ni
ca, que
in
cluía
un
as
platafor-
ma
s
fl
anqueadas por mástiles y
edi
li
ca
cla
s
fr
ente a
llll
gran muro
roj
izo como la sangre y cuyo es-
pacio se fragmentaba me
di
ante
una ilu
mi
nación
ce
nital que re-
co
rd
aba la de los gra
nd
es nút
in
es
nazis, subrayaba estos parale
li
s-
mos, y las reacciones
el
e la críti-
ca fueron unánimemente entu-
sias
ta
s (9).