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Otra objeción contra una llegada anterior de los israelitas, levantada por los defensores del
siglo XIII, es que Edom y Moab no fueron naciones que se establecieron en sus territorios
sino hasta después del siglo XV, y un argumento relacionado con esto es la ausencia de restos
de alfarería en la Transjordania de ese tiempo. La respuesta a esta objeción es que si los
edomitas y moabitas eran nómadas, ha de esperarse la ausencia de alfarería.
No se puede suponer que todos los problemas del éxodo puedan ser resueltos ahora, pero no
son insuperables los obstáculos para llegar a una teoría razonable. Las evidencias examinadas
parecen respetar un éxodo del siglo XV como una hipótesis que se puede emplear para los
propósitos de este comentario, dentro de las posibilidades de la narración bíblica, sin discordar
con la exposición de Patriarcas y profetas y razonablemente factible dentro del marco de los
hallazgos históricos y arqueológicos. (Nota: Los libros modernos que utilizan los materiales
técnicos más fidedignos rara vez tratan la cronología anterior al éxodo debido ala falta de
datos adecuados para el periodo antiguo y las diferentes teorías de la fecha del éxodo son de
valor limitado para la mayoría de los lectores. El investigador puede consultar la obra de H.
H. Rowley, From Joseph to Joshua (Londres, Oxford University Press, 1950; 200 págs.), un
tratado erudito aunque críticó que aboga por un éxodo doble. Sin embargo, es valioso por sus
amplias notas de pie de página que se refieren a diversos eruditos sobre las principales teorias
del éxodo, con excepción de la teoría del siglo XVII que debe ser investigada en la obra de
Martín Anstey, The Romance of Chronology (2 tomos: Londres; Marshall Brothers Ltd., 1913).
Anstey es mencionado aqui porque presenta esa teoría del éxodo, pero debe ser usado con
cautela porque no toma en cuenta la datación posterior fijada astronómicamente. Acerca del
éxodo en el siglo XV y la invasión de Canaán, ver la obra de J. W. Jack, The Date of the
Exodus (Edimburgo; T. & T. Clark, 1925; 282 págs.), útil aunque resulta demasiado anticuada
frente a muchas evidencias arqueológicas; la obra de Millar Burrows, What Mean These Stones
? (New Haven, Conn.; Arnerican Schools oforiental Research, 1941; 306 págs.), que incluye
un breve estudio de la teoría del siglo XV, pero prefiere la fecha del XIII. John Garstang and
J. B. E. Garstang, The Story of Jericho (2ª edición revisada; Londres; Marshall, Morgan y
Scott, 1948; 200 págs.) presenta evidencias de sus excavaciones para la caída de lo que ellos
llaman su cuarta ciudad en aquel sitio por 1400 AC, pero esa evidencia ahora está siendo
puesta en duda por los hallazgos más recientes de la Dra. K. M. Kenyon. De acuerdo con los
informes preliminares ( The Biblical Archaeologist , Sept., 1953) las murallas de esa cuarta
ciudad deben tener una fecha mucho más antigua. Debido a la erosión y a la destrucción de
los niveles superiores, no parece haber quedado nada de la Jericó de los días de Josué, aunque
la alfarería encontrada en el cementerio muestra que la ciudad habia estado habitada hasta
el siglo XIV AC.*)