
la atención de Tokugawa Ieyasu, el unificador de Japón, quien se convirtió
en uno de sus mecenas. KM-etsu mantenía relaciones cercanas con
renombrados maestros del té, pintores, eruditos y daimyos, incluyendo a
Furuta Oribe, Kano Sanraku y Maeda de Kaga, enriqueciendo aún más su
influencia cultural.
A pesar de su éxito, KM-etsu prefería la simplicidad. En 1615, a los 58 años,
expresó su deseo de dejar el bullicioso Kioto, y Ieyasu le otorgó una
propiedad en Takagamine. Esta área, una vez asolada por ladrones, prosperó
bajo la presencia de KM-etsu, transformándose en una vibrante comunidad de
artesanos y literatos. Diseñó meticulosamente su residencia con un enfoque
en la tranquilidad y la belleza, en armonía con el entorno natural.
Devoto budista, KM-etsu y su familia establecieron cuatro pequeños templos
dentro de la aldea. Destacaron el JMsMji, un templo de la secta Hokke, y el
Taikuan, o Ko-etsuji, que se convirtió en su refugio personal y lugar de
descanso final. Estos templos enfatizaban la lectura devocional por la paz del
imperio y el bienestar de la familia.
El retiro de KM-etsu marcó un cambio hacia una vida impregnada de elegante
simplicidad. Despreciaba las posesiones valiosas, prefiriendo objetos
comunes y reemplazables, ya que creía que la esencia de la vida residía en la
simplicidad y la refinada tranquilidad. Aunque KM-etsu en gran medida se
mantenía al margen de la política, expresaba públicamente su admiración
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