
Posteriormente, fue el matemático británico Alan Turing
quien consiguió
descifrar la máquina Enigma, convirtiéndose en lo que hoy es considerado como
el padre de la computación y la informática. (Copeland, 2013)
Durante este período la criptografía estuvo abocada exclusivamente al ámbito
militar, hasta que en los años setentas Whitfield Diffie y Martin Hellman, ya fuera
del ámbito militar crearon el Algoritmo Diffie-Hellman que consistía dividir las
claves encriptadas en pública y privada. Esto quiere decir que, con la clave
pública se puede encriptar el mensaje, pero para desencriptarlo es necesaria la
clave privada. (Levy, 2001)
Por la década del 80’, ya había gente trabajando en implementar la criptografía
para resolver problemas de seguridad, privacidad e inclusión, puesto que las
filtraciones se producían por existir terceras partes involucradas.
En 1993 el matemático David Chaum creó un sistema de pago digital llamado
“eCash” para pagar por internet en forma segura y anónima. El inconveniente
fue que la sociedad aún no estaba preocupada por la seguridad y privacidad de
sus movimientos en la red. A razón de esto, la empresa del matemático,
“DigiCash”, quebró en 1998.
Contemporáneamente, uno de los socios, Nick Szabo escribió un artículo junto
con el premio Nobel Leon Lederman titulado “El protocolo de Dios”
(referenciando a la expresión “la partícula de Dios”), expresando la necesidad de
tener un protocolo seguro y confidencial, en donde las partes no se conocerían
entre sí. (Tapscott & Tapscott, 2017)
Más tarde en 2018, con la crisis del sistema financiero, pero no como
consecuencia de eso, Satoshi Nakamoto (es el pseudónimo del grupo de
personas o persona) desarrolló el protocolo de un sistema de pago electrónico
entre pares e iguales y fue lanzado por primera vez en 2009 como un
componente importante de la criptomoneda llamada “Bitcoin”. (Ganne, 2018)
Dicho protocolo establece una serie de cuestiones que garantizan la integridad
de la información intercambiada por las personas sin la intervención de terceros.
A partir de ese momento comenzó el auge de las criptomonedas, a raíz de la
falta de confianza en el sistema monetario tradicional. (Bustillos, 2013) (Ganne,
2018, pág. 5)