
!
! ! ! 146!
grotesco alegre: el rebajamiento, esto es, como dice Bajtín, el destronamiento acompañado de
golpes e injurias. Todas las cosas sagradas y elevadas son reinterpretadas en el plano material
y corporal (2003, p. 334-335). Así son la auténtica identidad de los rebeldes -los dioses caídos
y destronados, son figuras bufonescas. El tatuaje en la cara es su disfraz, una marca humillante,
pero al mismo tiempo, iniciática. Los iniciandos son degradados a este mundo de lo inferior,
no pueden bajar más. Aquí es donde se despliegan las aventuras, que les deparan la
regeneración, -la metamorfosis, el gran símbolo de la risa-, gracias al carácter creciente de la
naturaleza de estos personajes.
Debido a la presencia de la magia, o bien de un folclore primitivo que sustenta a sus figuras, el
mundo en el que viven los rebeldes es hermético, porque se apoya en la cultura de las
sociedades tradicionales, del régimen mágico-grotesco. Es un mundo que consiste en la lucha
entre el Bien -las figuras bufonescas- y el Mal -los demonios y los enemigos perversos-. Esta
fuerza para llevar a cabo el Bien se alimenta de un factor importante, que es el Mal en el mundo.
Por eso, este mundo es a la vez polémico, es un combate continuo por la supervivencia. En A
la Orilla, esta supervivencia se expresa en, primero, la organización de los bandidos bastante
primitiva72 y, segundo, en la ley de la necesidad para promover el Bien, para asegurar que lo
que debe suceder, sucederá (Beltrán Almería, 2017, p. 45). Esta estética es posible porque en
la creencia primitiva, todo está conectado y relacionado, hay una correspondencia entre las
diferentes esferas -el mundo conocido y el del más allá. Así que tienen presencia el plano
celeste y el subterráneo interviniendo en los asuntos humanos para cumplir la ley de necesidad.
Y debido al grado de la “historicidad” que hay en los casos novelizados, el elemento mágico
se comprime hasta el punto de que aparece sólo en momentos necesarios73. Sin embargo, como
hemos dicho, esta necesidad se debe a lo que exige la magia, no al género aventurero, que no
existe en la literatura china antigua. Si lo hubiera, el desenlace debería ser un final feliz. Aunque
los dioses caídos vuelven al cielo, son eliminados por los funcionarios perversos. Vence el Mal
y por eso reaparece a lo largo de la novela. Quizá este final fatal se deba a la estética joco-seria
de estas novelas, y se pueda ver como la última crítica hacia la injusticia, la corrupción de la
burocracia imperial de aquella época. También vemos esta risa crítica -la sátira y la parodia-
en el rechazo hacia el didactismo y el patetismo, encarnados por Sagaz Lu y Song Jiang74. De
72 Con el sentido simbólico del infierno del bosque, la fortaleza de los bandidos asemeja a este mundo prohibido, remoto y oculto. Según
Propp, la “casa para hombres” es una institución peculiar de la ordenación del clan. Su origen se vincula a la caza. El totemismo es su reflejo
ideológico. La aparición de la agricultura destruye los ritos, así como las creencias “silvestres”, pero esta “gran casa” subsiste, se degenera y
toma formas monstruosas. Y una peculiaridad común de estas casas es que están circuladas por los objetos que funcionan como protección,
sea valla, seto, o pilastras. De todas formas, se emite un mensaje de la prohibición de acercarse al lugar (1987, p. 162-165). Así que, en la
novela, los objetos que circulan la casa son restos humanos y toman formas grotescas para presentar esta institución primitiva. Las montañas
sirven de barreras para proteger la fortaleza y prohibir el acercamiento de todos los forasteros que no pertenecen de aquí (Tomo I, Cap. XI:
216). Además, esta cofradía se construye por los bandidos de manera jerárquica y se ejerce el bandidismo y hurtos para obtener provisiones,
cometiendo excesos y ejerciendo violencia. Todo eso es para la supervivencia de la fortaleza.
73 La Diosa aparece dos veces para ayudarlos a aprobar la prueba (Tomo II, Cap. XLII: 326-328 y Tomo IV, Cap. LXXXVIII: 241-244). Hay
dos episodios donde aparecen los fantasmas para restaurar la justicia y hacen morir los agresores (Tomo II, Cap. XXVI: 8 y Tomo IV, Cap.
XCV: 379-380).
74 Después de matar a un carnicero, Sagaz Lu busca el refugio en un monasterio y se convierte en un monje, pero no se comporta como uno.
El autor no pone fronteras entre religiosos y bandidos. Como el monje “hermano Juan de los Chirlos” en Gargantúa y Pantagruel, Sagaz Lu
es una figura carnavalesca grotesca. En él se ve el entrecruzamiento de las series que arranca del grotesco: desde las series del cuerpo humano;
de la comida, de la bebida y la borrachera; hasta las de la muerte; y las series sexuales. La sátira grotesca degrada la religión a lo bajo corpóreo,
y su carácter es evidentemente universal, popular. En Song Jiang, el jefe de la coalición, se destaca la descripción de las series del cuerpo y de
los excrementos durante la fase de la degradación de su aventura. Tras escribir dos poemas subversivos, Song Jiang es calumniado. Para evitar
la pena de muerte, se disfraza de un loco, revolviéndose por el piso sobre su propia mierda. Él resiste frenéticamente y dice locuras (Tomo II,
Cap. XXXIX: 264). Tal locura es típica de la figura del bufón. La tipificación de estos personajes en el mundo desigual es un rechazo a la
cultura oficial y las falsas relaciones jerárquicas.