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sobre la multiculturalidad; o el desfase entre legalidad y legitimidad.
Más allá de los debates teóricos que estas preocupaciones han
provocado, cabe destacar que también están latentes entre los
ciudadanos.51 La propia estabilidad de un gobierno implica que existan
mecanismos de consulta ciudadana. Si no existe un diálogo entre
ciudadanía y gobierno, y si no se busca conciliar los intereses de la
comunidad, se puede producir una rebelión.52 En otros términos, la
mejor manera de evitar la desobediencia civil, es abriendo canales y
negociaciones entre los actores políticos, para que los ciudadanos
inconformes logren impulsar cambios para poner fin a las injusticias.
En caso contrario y, como apunta Ambrosio Velasco Gómez: “la
desobediencia civil es una forma de “empoderamiento” de los
ciudadanos que exige a la autoridad legislar de acuerdo con sus
51 Por ejemplo, en una encuesta levantada en México, el año 2001, al preguntársele a los entrevistados si
estaban de acuerdo con que el pueblo puede desobedecer una ley que le parece injusta, el 60 por ciento
respondió afirmativamente (ENCUP-2001, Secretaría de Gobernación). En otra encuesta levantada en
2003, 54 por ciento señaló que las leyes se usan en México para defender los intereses de la gente con
poder o como pretexto para cometer arbitrariedades y 39 por ciento dijo que para buscar justicia o para
defender los intereses de la sociedad. A la pregunta ¿a quién benefician las leyes? 63 por ciento indicó que
a unos cuantos y 37 por ciento que a todos. (ENCUP-2003, Secretaría de Gobernación).
52 Emiliano Zapata lo expresó así: “El pueblo mexicano pidió, como piden los pueblos cultos,
pacíficamente, en la prensa y en la tribuna, el derrocamiento de la dictadura, pero no se le escuchó; se le
contestó a balazos, a culatazos y caballazos; y sólo cuando repelió la fuerza con la fuerza, fue cuando se
oyeron sus quejas” (Laura Espejel, Alicia Olivera y Salvador Rueda, Emiliano Zapata. Antología, México,
INERHM, 1988, p.447). Durante el movimiento del 68 se repite este reclamo: “ilusamente creíamos que el
gobierno nos iba a dar el diálogo, yo así lo digo, porque así nos decían los granaderos cuando nos daban de
culatazos y de macanazos: “¡tengan su diálogo, tengan su diálogo!” Por eso pensamos que debíamos estar
preparados para una discusión legal, pero oh, hete aquí que quedó en un monólogo de 16 años de cárcel a
los que estoy condenada. (Roberta Avendaño Martínez, dirigente estudiantil presa en la cárcel de mujeres,
citado en Elena Poniatowska, La noche de Tlatelolco, México, Era, 1993, p.56). Maquiavelo también
estaba consciente de este peligro: “Nada contribuye más a la estabilidad y firmeza de una república -dice-
como el organizarla de suerte que las opiniones que agitan los ánimos tengan vías legales de
manifestación” (Nicolás Maquiavelo, Sobre la libertad, México, PRI, 1988, pp. 6-7).