
memoria de los familiares de los asesinados, se mantuvo como lugar de reunión durante toda la
dictadura franquista. Gracias a la perseverancia de las viudas (las mujeres de negro) y familiares,
el recuerdo se mantuvo vivo y presente»[4]. Y es que el 1 de noviembre de 1939, día de difuntos
en nuestro ámbito cultural, de aquel año en que había acabado la guerra en abril —aunque es
importante recordar que en La Rioja no hubo guerra, sino sólo represión, desde julio del 36—, las
viudas, acompañadas por sus hijas e hijos, se dirigieron por primera vez a La Barranca, donde
sabían que estaba la fosa en la que yacían sus familiares. Más de cuatrocientas personas estaban
enterradas allí y por eso fue allí donde les quisieron rendir homenaje cada 1 de noviembre,
preservando así de la desmemoria este lugar de memoria. Hasta 1951, en que se les reconoció el
derecho de acudir al lugar, muchas veces tuvieron que enfrentarse a las fuerzas del orden para
poder acceder a la fosa. En la página web se nos da otra fecha, 1979, en que el lugar «se
dignificó con la construcción del Cementerio Civil de La Barranca». Tenemos aquí un claro
ejemplo de lo que Sebastiaan Faber ha llamado memoria filiativa que, a partir de la constitución de
la Asociación La Barranca, en 2008, da un paso más para convertirse, también, en memoria
afiliativa. Porque, como seguimos leyendo en su web, «por supuesto, la Asociación está abierta a
todos los riojanos y a todas las personas de cualquier parte de España y de otros países que así
lo deseen». Me comenta Jesús Cámara, de la junta directiva de la Asociación La Barranca, que en
la actualidad cuenta con más de cuatrocientas personas asociadas, de las que un 25%
aproximadamente no serían familiares de las personas que yacen en la fosa. También, como el
nombre de «mujeres de negro» claramente indica, nos encontramos aquí con una genealogía que
tiene su origen en la lucha de un grupo de mujeres y que, por tanto, interesa también al
feminismo.
La segunda realidad de la que quiero hacer memoria, siguiendo un orden cronológico, está
relacionada con la deportación de republicanos españoles a los campos nazis. Me refiero a la
constitución de la Amical de Mauthausen y otros campos. Si consultamos su página web,
veremos que «fue fundada en 1962 por exdeportados y familiares para agrupar a viudas y
huérfanos y apoyar a todos los deportados que habían vuelto del exilio, ya que en España no
disponían de una asociación de este tipo, que, sin embargo, sí habían encontrado en Francia,
donde muchos españoles exiliados se habían integrado en la Amicale des Déportés, Familles et
Amis de Mauthausen o en la Federación Española de Deportados e Internados Políticos, fundada
en Toulouse en 1947». También nos dicen en la web cuál es el objetivo de la Amical: «trabajar en
favor de la memoria de todas aquellas personas que vivieron y lucharon durante la guerra civil
antes de cruzar la frontera francesa camino del exilio y que más tarde sufrieron deportación en los
campos nazis». Las informaciones de su web también nos dicen que existieron dos intentos
frustrados de legalización de la Amical, uno en 1963 y otro en 1967, así que «la Amical se vio
obligada a trabajar en la clandestinidad hasta el final de la dictadura franquista, por lo que sus
actividades se vieron muy limitadas». La legalización se consiguió, por fin, en 1978, y a partir de
ese momento «se inició una nueva etapa de fuerte actividad divulgativa». Esta etapa coincidió con
la publicación de Els catalans als camps nazis (1977) de Montserrat Roig, que ayudó
enormemente a la divulgación de una historia hasta ese momento poco difundida: la de los
aproximadamente 10.000 republicanos españoles que estuvieron en campos de concentración
nazis. Me comenta Juan Calvo, presidente de la Amical, que, en la actualidad, de las ochocientas
personas asociadas, unas trescientas cincuenta son familiares de deportados, mayoritariamente
hijos y nietos, si bien hay también sobrinos y otros familiares. Pero también que más de
cuatrocientas se han sumado de forma afiliativa, sin ninguna relación familiar con la deportación.
En su junta directiva, de veinticinco miembros, trece son familiares de deportados y ocho no lo