Un sueño metapoético de Martínez Estrada PDF Free Download

1 / 20
1 views20 pages

Un sueño metapoético de Martínez Estrada PDF Free Download

Un sueño metapoético de Martínez Estrada PDF free Download. Think more deeply and widely.

Cuadernos LIRICO
Revista de la red interuniversitaria de estudios sobre las
literaturas rioplatenses contemporáneas en Francia
27 | 2024
Ficciones críticas y crítica cción
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Un rêve métapoétique de Martinez Estrada
A Metapoetic Dream by Martínez Estrada
Teresa Orecchia Havas
Electronic version
URL: https://journals.openedition.org/lirico/16045
DOI: 10.4000/122gk
ISSN: 2262-8339
Publisher
Réseau interuniversitaire d'étude des littératures contemporaines du Río de la Plata
Electronic reference
Teresa Orecchia Havas, “Un sueño metapoético de Martínez Estrada”, Cuadernos LIRICO [Online], 27|
2024, Online since 14 October 2024, connection on 17 October 2024. URL: http://
journals.openedition.org/lirico/16045 ; DOI: https://doi.org/10.4000/122gk
This text was automatically generated on October 17, 2024.
The text only may be used under licence CC BY-NC-ND 4.0. All other elements (illustrations, imported
les) are “All rights reserved”, unless otherwise stated.
Un sueño metapoético de Martínez
Estrada
Un rêve métapoétique de Martinez Estrada
A Metapoetic Dream by Martínez Estrada
Teresa Orecchia Havas
A la memoria de Cristina Lerner.
El escritor entre dos géneros. Protagonismo del
ensayo
1 Muchas veces se ha señalado el predominio, la influencia y el prestigio de la forma
ensayística sobre otros géneros en la historia de la cultura y la literatura argentinas,
incluso cuando es un mismo autor quien ha publicado poesía y ensayo, novela y prosa
de ideas, etc. También el público ha sabido privilegiar el ensayo, género argumentativo
y analítico, aunque fragmentario. Martínez Estrada es un caso sobresaliente de uno de
esos escritores que, habiendo producido una obra poética, narrativa y dramática, ha
sido sin embargo valorizado y recordado fundamentalmente a través de sus ensayos “de
interpretación nacional”, algunos de los cuales son hitos insoslayables de la historia
cultural. Como tales, precisamente, han sido sometidos a comentario admirativo o
polémico a lo largo de muchas décadas, en una serie de relecturas que discuten sus
métodos e ideas, posiciones e intenciones, pero no la calidad de la prosa ensayística,
admitida siempre como relevante:
Con deslumbradora seguridad y un dominio inequívoco de la prosa, Martínez
Estrada va suscitando en el lector un ánimo receptivo para su argumentación. […]
Por otra parte, como lo demuestran sus páginas ejemplares acerca de Hudson,
poseía una extraordinaria sensibilidad estética y una incalculable aptitud para
interpretar el paisaje. Como lo prueba su estudio del Martín Fierro, disponía
asimismo de una significativa agudeza para comprender la conducta humana. (Rest
1982: 52-53)
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
1
2 El resto de su abundante producción de polígrafo ha tenido en cambio fortuna disímil:
si la poesía resulta poco seductora para un lector contemporáneo habituado a otras
voces y poéticas desde hace más de medio siglo, su narrativa -cuentos y nouvelles-,
aunque apañada por la notoriedad del nombre, es poco leída hoy. La calidad de esta
narrativa ha sido sin embargo señalada nuevamente por la crítica y la prensa en el
último fin de siglo. Veamos algunas estaciones en esa trayectoria.
3 En el tiempo de sus primeras ediciones, la recepción positiva de los relatos, así como la
presencia intelectual insoslayable de Martínez Estrada se pueden comprobar en las
crónicas de la revista Sur, que le dedica un número completo de homenaje en 1965.
Poco después, ciertas lecturas intentan una valoración de la obra y un resumen
actualizado de su recepción. Así, por ejemplo, el vehemente trabajo de César Fernández
Moreno (1966), quien lo somete incluso a una comparación con Borges en el plano de la
“percepción intelectual concreta” del mundo, resolviéndola en detrimento de este
último. Se trata de un gesto crítico acorde con la época, que enfrenta por cierto menos
a dos escritores de prosa narrativa que a dos ensayistas de ideas. Por fin, a finales de esa
misma década recorrida por una inflexión ideológica latinoamericanista y pródiga en
intentos de modernización académica y teórica, hay que registrar la valoración sagaz
de Adolfo Prieto, quien elogia abiertamente la narrativa y dedica una entrada aparte de
su diccionario de literatura a uno de los cuentos, al que presenta en estos términos:
Marta Riquelme es una narración de densidad inusual en la literatura argentina, y tal
vez no implique excesivo riesgo vaticinar que esta densidad ha de resultar menos
vulnerable a los estragos del tiempo que la de sus más afamados ensayos.”( 1968:
106-107)
4 Después de un considerable período de opacidad en la recepción, ante la acogida
favorable de la obra reeditada en los años 2000, la crítica especializada anuncia “una
nueva vigencia” de Martínez Estrada, que significaría menos la vuelta del ensayista y
estilista de sus obras de interpretación nacional que la del “implacable crítico literario
de El mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson, Muerte y transfiguración de Martín
Fierro, o Sarmiento (Martín Prieto 2006: 293)1. Por fin, Ricardo Piglia, quien rescata a
partir de una edición de 1975 la totalidad de los cuentos para su Serie del Recienvenido
en 2015, los introduce con varias hipótesis sobre su “colocación lateral en el escenario
de nuestra cultura letrada”, y resume la situación de manera a la vez justa y
provocadora con una de sus habituales hipótesis paradójicas: “Imagino que la
extraordinaria calidad de estos cuentos es lo que explica su lugar secundario - y casi
invisible- en la narrativa argentina actual. Son demasiado buenos y por eso no
encuentran su lugar.” (Piglia 2015: 9)
5 Aquí se impone sin embargo una observación más general. Un gesto consabido de las
lecturas de investigación sobre escritores polígrafos es la búsqueda de puentes entre los
diferentes géneros que han practicado, y Martínez Estrada no es una excepción en este
sentido (Prieto 1968, Weinberg 2004, entre otros). Es indudable que, aunque las brechas
genéricas entre la narrativa y la ensayística no anulan las hipótesis sobre las pasarelas
que podrían trazarse entre ambas, tales pasarelas parecen endebles en tanto
explicaciones totalizantes, aunque pueden resultar clarificadoras respecto a cuestiones
puntuales: temáticas, tópicos, o un motivo estético-poético generador.
6 En el caso preciso de la prosa narrativa de Martínez Estrada resulta fácil verificar que la
imaginación no es independiente de los lugares ideológicos que desarrollan sus
ensayos: pesimismo sobre el destino del hombre y en particular del argentino, espacio
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
2
social y geográfico connotado negativamente, ausencia de redención planteada desde el
origen, sequedad trágica de la condición humana, etc. Sus relatos tratan también esos y
otros supuestos, y lo hacen con una poética de lo inevitable y de lo ominoso que sigue
conservando su capacidad revulsiva, porque dialoga con aquellas estéticas
contemporáneas en las que la representación realista se somete al peso de las
situaciones trágicamente recursivas y a la distorsión de lo grotesco2. Pero hay un
ejemplo donde la relación posible entre la ensayística literaria y una de las narraciones
desafía la mirada crítica. Se trata de la novela corta “Marta Riquelme” (1949), que toma
su título de un relato de W. H. Hudson incluido en El Ombú (1902), autor al que Martínez
Estrada consagra por otra parte uno de sus más notables trabajos de investigación, El
mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson (1951). Esta narración, que cuenta las
dificultades de establecer con certeza un manuscrito y parece proponer un ejercicio
sobre la autoría y las incertidumbres de un texto, es única por sus características
metaficcionales dentro del corpus de su narrativa, al tiempo que su peripecia se aparta
completamente de la nouvelle homónima de Hudson que le sirve de referencia.
7 Quisiera proponer aquí algunas observaciones sobre la relación entre esos textos y
sugerir una lectura sobre la triple caracterización que puede hacerse de la nouvelle de
Martínez Estrada, a la vez como ejercicio autorreflexivo que alude a la investigación
crítica3, como escritura ficcional cuyo disparador es la obra de Hudson, y como
textualización del deseo de creación personal que ésta estimula.
Hudson frente a Hernández: documento y paradigma
8 La cronología de la obra de Martínez Estrada aporta algunos datos interesantes. La
década del cuarenta comienza con la publicación de La cabeza de Goliat (1940) y registra
luego algunos de sus más importantes ensayos sobre autores argentinos (Sarmiento en
1946, Las invariantes históricas de Facundo en 1947, Muerte y transfiguración de Martín Fierro
en 1948, El mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson en 1951), antes de que haga
eclosión su prosa política, que se expandirá en la segunda mitad de los cincuenta con la
crítica acerba de los tiempos del peronismo y encontrará un nuevo cauce en los sesenta
bajo el estímulo de la historia cubana. La obra narrativa puede situarse por su parte en
aquella misma década y media aproximada que ocupan los grandes ensayos histórico-
literarios, ya que, si bien los cuentos se publican agrupados en diversos pequeños
volúmenes recién entre 1956 y 1957, la fecha final de redacción es bastante anterior y
abarca desde 1943 (“La inundación”) hasta 1955 (“Juan Florido, padre e hijo,
minervistas”). “Marta Riquelme” data a su vez de 19494. Es entonces en un mismo
puñado de años en que el escritor, escrutando con ahínco las características de la vida
argentina de la primera mitad del siglo XIX, escribe esos imponentes tratados críticos
que son Muerte y transfiguración y El mundo maravilloso, así como un conjunto de
ficciones donde se dramatiza la continuidad de las taras individuales y del fracaso
político de la sociedad argentina, desplegados ahora a la luz amarga del siglo XX.
9 Las ficciones evocan modestos destinos humanos entrampados en fuerzas sociales
independientes de ellos, hombres del campo o de la ciudad a los que pierden el abuso
social, el absurdo de una vida sin horizontes y lo abominable cotidiano. En esas
historias el individuo no suele ser mejor que la masa o el grupo (“Juan Florido”, “Un
crimen sin recompensa”), el hombre de iglesia no es profundamente diferente de su
congregación brutal y atrasada (“La inundación”) y la familia es una asociación de aves
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
3
de rapiña que superan en egoísmo y codicia a los de afuera (“Viudez”), pero el hombre
que actúa solo se queda cada vez más solo con su propia obstinación (“La cosecha”),
porque las conductas individuales responden a la irracionalidad (“La tos”), la estulticia,
el cálculo y la crueldad (passim). Entretanto, por encima del individuo, determinándolo
y cerrándole el paso, las instituciones y los grupos sociales que deberían protegerlo
obedecen a fuerzas corruptas que buscan su aniquilamiento o su sumisión total
(“Examen sin conciencia”) y actúan de manera oscura y repetitiva, tal la historia
argentina, que parasita al ciudadano dando vueltas sobre misma como un carrusel
enloquecido (“Sábado de gloria”). Entre esos relatos ásperos, unas pocas narraciones
tienen relación con el mundo igualmente áspero del libro o de los escritores: “Juan
Florido, padre e hijo, minervistas”, “No me olvides”, y el citado “Marta Riquelme”.
10 El foco puesto sobre la quincena de años de fertilidad creativa evocada antes (ca.
1940-1955)5 puede ajustarse aún más si se observa que la publicación de Muerte y
transfiguración, “Marta Riquelme” y El mundo maravilloso está encerrada en un triángulo
de sólo tres años, de 1948 a 1951. Sin embargo, esta serie de fechas editoriales sugiere
un orden sucesivo parcialmente engañoso. Con mirada más atenta se puede conjeturar
que es en esa segunda parte de la década del cuarenta cuando, terminado el ciclo de
ensayos dedicados a Sarmiento (1946 y 1947), Hernández y Hudson ocupan
simultáneamente el centro de gravedad de la actividad intelectual de Martínez Estrada6,
y que en ambos amarran alternativamente su imaginario de la vida pampeana en el
siglo XIX, su pasión nacional opuesta al nacionalismo argentino, su ambición crítica y el
despliegue de sus dotes de investigador.
11 La presencia de Hudson entre sus preocupaciones del período se puede comprobar en
realidad ya en 1941, en la conferencia de clausura de los actos en homenaje al
centenario del escritor, así como en la publicación de dos estudios generales del mismo
año: “Estudio crítico sobre la vida y obra de Hudson”, y “Estética y filosofía de
Hudson”7. Esa presencia se vuelve luego insoslayable en el amplio sistema de
referencias del ensayo magistral sobre Martín Fierro. Trabajo de ambición sociológica e
histórica tanto como de hermenéutica literaria, Muerte y transfiguración acude
constantemente a numerosas fuentes que cita en apoyo o en matización de su
propósito; en la compañía de la palabra de historiadores, hombres de pluma y de
espada, testigos y actores de la Argentina decimonónica, viajeros y cronistas, filólogos e
ideólogos, Martínez Estrada reclama frecuentemente la autoridad de los escritos de
Hudson. Los ejemplos, numerosos y de carácter muy variado, acercan al lector tanto
datos y pruebas circunstanciales sobre el mundo que Hudson conoció, como un elogio
sostenido a su mirada frontal y sin artificios.
12 Muerte y transfiguración cita abundantemente en español varios libros de Hudson: Allá
lejos y hace mucho tiempo, La tierra purpúrea, Días de ocio en la Patagonia, Una cierva en el
Richmond Park, y los cuentos de El Ombú. También se refiere alguna vez a Aventuras entre
pájaros y a El Naturalista en el Plata. Todos esos libros proveen informaciones y detalles
sobre las formas de la vida rural pampeana anteriores a la Conquista del Desierto, las
características del hábitat y de los tipos humanos, los menesteres, las dificultades
debidas al clima, las plagas o las guerras civiles, las formas de agrupamiento familiar, el
trato de los animales. Así las descripciones de los ranchos, de las cocinas y corrales, de
la importancia del caballo, de los problemas del colono, de los hábitos del gaucho y del
extranjero agauchado, de la vida de las muchachas en las estancias, y aún otras, que se
incluyen en varias partes del ensayo y especialmente en el volumen dedicado al estudio
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
4
de “La frontera” (III, passim). En esta zona de sus referencias Martínez Estrada utiliza
los textos de Hudson como archivo de un saber fidedigno que se puede contraponer o
comparar con las afirmaciones de otros autores, pero que cuenta siempre con la ventaja
de su mayor cercanía emocional respecto de la experiencia narrada: “Hudson ha sabido
expresar [la relación “vivencial” entre el hombre y el animal] como nadie en los pasajes
de sus libros en que recuerda su infancia” (545); “Hermosísimas páginas sobre la vida en
fronteras ha escrito Hudson” (577-578), etc.
13 Sin olvidar que la cuestión de las guerras contra el indio constituye una franja temática
de urticante memoria histórica a la vez que una fuente de episodios inscriptos en la
tradición literaria, se pueden considerar dentro de la misma estrategia las citas
procedentes de los relatos de Hudson sobre las experiencias de soldado, la vida en los
fortines y en los toldos, las expediciones punitivas, el destino de las cautivas, las armas
y las formas de combate de los indios, etc., que aparecen en los volúmenes III y IV (“El
‘mundo’”). Pero el tópico quizás más significativo lo constituyen las citas
superlativamente encomiásticas de descripciones de espacio y paisaje. Según Martínez
Estrada, es Hudson quien “reveló” (III, 478) ese campo que ya no existe, en páginas de
“inimitable propiedad” (480), una propiedad que no se desprende sólo de las
extraordinarias dotes de observación del autor inglés, sino que es el resultado de su
peculiar sentimiento de la naturaleza. Este razonamiento culmina con mayor amplitud
en la exposición sobre la Edad de Oro de la llanura desarrollada en el volumen IV
(836-838)8, que pone como ejemplos máximos a Allá lejos y a La tierra purpúrea, dos
testimonios de una edad del campo anterior a 1870, sin olvidar la cita de fragmentos de
El naturalista en el Plata y Días de ocio en la Patagonia. Según Martínez Estrada, Hudson es
superior a nuestros escritores del campo porque sus libros arraigan en dos terrenos que
los distinguen: la historia propuesta sin afeites ni tergiversaciones y la sensibilidad
única del sujeto observador. El hombre que describen es el gaucho auténtico, exento de
los artificios con que los letrados han creído necesario presentarlo, visto de cerca como
están vistos el paisaje y la naturaleza, con ojos acostumbrados a escrutar con empatía
las cosas pequeñas, la variedad de los comportamientos humanos, el mundo sensible.
Tal obra es superior porque no está sometida a intereses políticos ni administrativos, a
doctrinas o tesis, a demostraciones ni a censuras; por eso está exenta de la
ambivalencia de la de Hernández, que conoce y vindica al gaucho, pero termina
subordinándolo a un destino de resignación.
14 Llegado a este punto, Muerte y transfiguración expande el objeto de la exégesis hasta
abarcar toda la literatura nacional. Para Martínez Estrada, si Hudson puede
emparejarse con Hernández en talento creador, resulta sin embargo superior a él, e
incluso superior a la literatura argentina en su conjunto, porque sus evocaciones, fieles
a la tierra y a la historia, van a lo esencial sin omitir ninguno de sus modestos
protagonistas - mujeres, niños, animales, plantas–, ignorados por la literatura
mostrenca de los argentinos, falta de veracidad tanto como de ambición9, artificiosa
como la historia misma del país, “que es exclusivamente política y militar”. Por eso, la
obra de Hudson debería ser el modelo de una literatura simétrica de la realidad, el
“paradigma de una literatura de alto estilo” (975), del que se desprendiera una
tradición diferente, “[la] gran literatura argentina que pudimos tener y no tenemos”
(979).
15 Esa contemporaneidad que comparten las investigaciones sobre Hernández y sobre
Hudson, verificable a partir de la cronología y del uso de citas y referencias cruzadas, se
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
5
confirma en palabras del mismo autor. En el “Epílogo”, incluido hoy al final de Muerte y
transfiguración, pero redactado diez años después de la primera edición, Martínez
Estrada explica que usó en el libro documentación acopiada para Radiografía de la Pampa
y para El mundo maravilloso, y reúne las tres obras, considerándolas una trilogía que
“constituye un estudio etnológico, histórico y antropológico de la República Argentina”
(972-973).
Hudson, un mundo
16 El mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson impresiona en primer lugar por la
pasión de lector que exhibe Martínez Estrada, detallando la biografía y los textos de
Hudson con el rigor de un miniaturista que quisiera agotar las formas de un modelo que
admira. Es cierto que ese esfuerzo de exhaustividad es muy suyo, y no es nuevo. El
mejor ejemplo lo daría quizás el libro precedente, Muerte y transfiguración, caso mayor
de utopía crítica totalizadora en las letras argentinas. Pero allí donde el personaje
histórico de Hernández escapaba al microscopio del investigador, allí donde los datos
biográficos eran escasos y la crítica negativa posible e incluso deseable (Hernández
censurándose a mismo y a su poema) para combatir mitificaciones, el escrutinio
sobre Hudson se despliega con la minucia del atlas completo de una personalidad y de
una obra únicas.
17 La actitud del escritor ante el mundo, sus ideas, su inteligencia de las cosas, su contacto
personal con lo sensible y la revelación de la realidad en sus libros se plantean como
ejes mayores que orientan la totalidad del trabajo ensayístico. Consecuentemente,
llegado el momento de la interpretación puntual de algunos textos, Martínez Estrada
elige sólo aquellos en los que la voz narrativa puede calificarse sin ambages de
autobiográfica, obras “donde la vida del autor está confesada o veladamente expuesta”
(201-202): Allá lejos y hace mucho tiempo, La Tierra Purpúrea, El Ombú, Una cierva en el
Richmond Park.
18 Sin embargo, la obra entera de Hudson vuelve a operar en este ensayo como un
documento10, pero se trata de un documento de alcance y de índole diferentes al del
archivo argentino de Muerte y transfiguración, porque busca en lo esencial iluminar la
relación enigmática entre un artista y su visión de la realidad. Más allá de presentar
una investigación sobre la fisonomía social de la Argentina gaucha y la ecología de la
llanura pampeana según Hudson, o sobre la relevancia de su literatura, objetivos todos
que sin duda El mundo también se propone y que no deja de cumplir airosamente, el
proyecto de Martínez Estrada contiene un intento menos visible y más aventurado de
auscultar la criptografía de una creación y de comprender los tonos de una voz “de alto
vuelo” que ha interrogado el misterio del mundo en la evidencia del pasado argentino.
19 El obstinado asedio hermenéutico y la fascinación de Martínez Estrada por su objeto
son visibles en su técnica habitual de acumulación de datos y de entradas explicativas
sobre un tema. La inmersión descriptiva en la psicología comportamental y moral de
Hudson vista a través del cristal de su obra pasa revista a una impresionante serie de
rasgos, algunos sin sorpresa, otros más discutidos o contradictorios, que son
observados muy exacta y finamente en los textos (capítulo “Carácter”; Parte 1, II). No
faltan las hipótesis sobre una conducta imaginada (114), pero más frecuentemente el
investigador subraya de manera ineludible su certeza: “El sentimiento de Hudson hacia
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
6
la naturaleza es agreste, rupestre, palustre, sin ningún resabio de civilización ni de
sentimentalismo.” (128)
20 A veces, un balance de valores se deja en suspenso, como ocurre con el “optimismo”,
pauta discutible que sería un “cariz diferencial” de la obra de Hudson (100) (¿huella
involuntaria en Martínez Estrada del conocido juicio de Borges (1941) sobre el “libro
feliz” que es The purple land?). Otras veces, en cambio, se afirma rotundamente un
tópico que predomina en la obra, por ejemplo, la soledad. Este sentimiento corresponde
tanto a una experiencia lógica de la vida del niño pampeano como a un estado deseado:
“La soledad lo sumergía poderosamente en la naturaleza, dentro de sus formas y
apariencias, en lo telúrico y eterno, borrando de su espíritu todo recuerdo y toda
ilusión del velo de Maya, todo rastro del hombre civilizado” (113). Según el ensayista,
tal delectación en la soledad es positiva, porque no se produce a partir de un espacio
social que influye en lo íntimo, sino que surge como una proyección desde el alma hacia
el mundo, una “precoz conciencia” del encierro en mismos de todos los seres
humanos y, en definitiva, un estado unido al deseo de vivir en libertad (114).
21 Quizás las páginas más abarcadoras de esta sección sean las que Martínez Estrada
consagra a la relación muerte-vida, donde trasunta de nuevo su admiración por la
manera en que Hudson logra percibir la expresión de vida en sonidos, colores, imágenes:
Lo que Hudson ha analizado como expresión en el sonido y en la imagen visual -un
análisis siempre original e incomparable con los de ninguno de los libros
especializados- se puede hacer y él en gran parte lo hizo, con los demás sentidos, en
cuanto captan no únicamente las cosas en […], sino lo que expresan en sus
relaciones vivientes con otras cosas y con nuestra mente. (136) (énfasis mío)
22 Hudson exalta la vida y si bien no evita hablar de la muerte, lo hace con parquedad, sin
ninguna esperanza de supervivencia y sin complacerse en lo decadente, lo exánime o lo
patético, por lo que merece una nueva comparación con Tolstoi, al que ya se asemejaba
en la pasión de la soledad. Citando Una cierva, Días de ocio y El libro del naturalista entre
otras obras, Martínez Estrada agrega:
En estos sentimientos se percibe el sentido veraz y sano de lo que la vida significa
como verdadero milagro en el seno de la materia anorgánica; de lo que expresa
como símbolo de un modo de existir absolutamente propio e inconfundible en el
cosmos entero; de su destino precario, de la fragilidad y belleza inherentes al ser
por el simple hecho de estar vivo y comunicarse, en una u otra forma, no importa
cuál, con todos los otros seres. (137)
23 La diferencia entre el punto de vista adoptado en Muerte y transfiguración y el que
preside en este libro se puede comprender igualmente a partir de las secciones que
estudian los mundos de una y otra obra en ambos ensayos. Mientras en el primer caso, el
“mundo” (sic) de Martín Fierro (Parte IV) se refiere al universo del personaje y trata
una serie de temas del poema, volviendo parcialmente sobre rasgos, costumbres y
episodios de la vida pampeana, el mundo (sin comillas) de Hudson se propone el
diagnóstico detallado de una totalidad subjetivo-objetiva, o interior-exterior; su
principal protagonista son los sentidos, la memoria y los recuerdos del escritor.
El mundo de Hudson no es material ni espiritual; como él mismo lo ha definido, es
un mundo viviente, expresivo, cambiante y eterno, animado por fuerzas misteriosas
que no inciden desde fuera en la naturaleza, sino que forman parte de ella como su
forma, su movimiento, su existir real. […] Si los sentidos son órganos de entrar en
contacto con esa realidad, tal mundo es el de los sentidos, más que el de la
inteligencia. (141)
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
7
24 Este aspecto es esencial para acercarse al compromiso intelectual e imaginario de
Martínez Estrada con respecto a la obra que estudia. Si en páginas de atento análisis
examina la fenomenología de cada uno de los sentidos y el significado de las
“revelaciones” de Hudson, su comentario principal concierne la concepción hudsoniana
de la memoria. Según él, un rasgo ilumina esa escritura volviéndola original y preciosa:
la memoria no actúa en ella recuperando momentos del pasado que reaparecen en el
recuerdo a partir de algún estímulo y que, así reactualizados, provocan la emoción del
sujeto y de su lector. Por el contrario, una maravillosa facultad de memoria conserva
intactos aquellos momentos y éstos reaparecen con la misma emoción que habían
suscitado al producirse por primera vez. Por eso, Hudson es capaz de convocar en sus
escritos autobiográficos las imágenes y los sentimientos de la infancia como si fuera un
niño quien los estuviera redactando, un niño cuyas vivencias e impresiones han
quedado, por así decirlo, perfectamente preservadas y activas en el hombre adulto que
escribe. En otros términos, el recuerdo no sería en este autor la consecuencia de
laboriosos estímulos mentales (la comparación con Proust es de rigor y se resuelve
lógicamente en desfavor de éste), sino “una vivencia actual”, la activación de una
matriz sensible y emotiva protegida por una memoria de excepción, “como si aún el
pasado estuviera tan vivo, tan actual, tan inmediato como el presente.” (148) Una
“facultad prodigiosa de conservar vivos sus recuerdos”; “una alucinación.” (150)
25 El sentimiento de la nacionalidad se confirma con la misma excelencia a los ojos del
ensayista, porque está en Hudson “ligado exclusivamente a sus recuerdos: casa, familia,
campo, animales, flores, vecinos, costumbres, rasgos personales y característicos, pero
de ninguna manera a la historia, a la política, a ningún dato de los que configuran a la
nación.” (157) De la extraordinaria calidad del recuerdo, así como del respeto de la
verdad sin paliativos deriva, según Martínez Estrada, esa veracidad tan peculiar de los
relatos y del retrato de la vida de la llanura que atesoran sus escritos. De allí que, por
fin, uno de los platillos de la balanza que sostiene a dos creadores geniales pese más que
el otro; hay “en Hudson más país y más ambiente que en Hernández”. (161)11
26 La profunda adhesión imaginaria del ensayista a su objeto de investigación es flagrante
también en ciertos rasgos de su estilo. Algunos capítulos contienen pasajes entusiastas,
hipótesis subrayadas por medio de la repetición, afirmaciones que no aceptan tonos
indiferentes; el rigor en los datos y la argumentación sagaz, la exposición prolija y el
cuidado en la exégesis no impiden los arrebatos enfáticos. En términos más generales,
el énfasis forma parte sin duda del comentado estilo oratorio-profético de Martínez
Estrada, pero aquí estamos lejos de los libros políticos, de las arengas y de las páginas
apasionadas de historia. En este caso, esos momentos responden a una surgente
emocional diferente, que conecta el estilo del ensayista con el del narrador, y concurre
visiblemente a dos objetivos principales; por un lado, el encomio firme de la obra, y por
otro, la construcción de la figura de Hudson según una serie de parámetros de fuerte
connotación emotiva, aunque siempre respaldados por la interpretación de datos
verificables. Se trata del Hudson exiliado, errante, encarnación de la soledad del paisaje
y del hombre, “visionario de la realidad”. Dice, por ejemplo: “¿Habría de necesitar en
adelante, en los quince años de su peregrinar de rancho en rancho, huésped de siempre
nuevos hogares, forastero, con un poco del mendigo y del ermitaño que lo
impresionaron en la niñez, habría de necesitar de casa ni de familia?” (55). Y más tarde:
¿Pero, al fin, es argentino o inglés? ¿Qué es él? ¿El? Es un hombre primitivo y puro,
un hombre de la naturaleza, un desterrado […] ¿Quién piensa en ti, cuando sales en
bicicleta a encontrarte con los duendes de tu mundo pretérito, destruido y muerto
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
8
en la realidad de la vida, con tus pájaros, tus árboles, tus nubes y tus campañas
distantes?” (85-86) ¡El año 1874 es el de la terminación de la presidencia de
Sarmiento, que dejó escapar este divino gorrión! Emigró como un pájaro solitario al
comienzo de los fríos, abandonando la tierra en que tenía su nido: llanuras salvajes
pobladas de pájaros y haciendas, gentes y animales en libertad de transitar y
residir, sin alambradas ni cotos ni trampas. (163)
27 Por cierto, Martínez Estrada no se limita aquí a exaltar una personalidad y un destino
sobre los que podría proyectar en parte los suyos, aun cuando un contenido
autorreferencial subyacente pueda inferirse a veces en ésta como en sus otras lecturas e
investigaciones12. Su juicio de síntesis sobre la importancia de Hudson prueba una
inmersión imaginaria que supera cualquier mecanismo proyectivo simple. Sus palabras
aluden a la virtud curativa de lo magistral y de lo entrañable, una de las más viejas y
nobles funciones que la retórica atribuía a las bellas letras: “Si sentimos que Hudson es
necesario a nuestra vida del alma, que nos es indispensable en ciertos trances agudos
del vivir en máxima tensión, es porque no sólo nos ha legado sus obras escritas sino su
sensibilidad y su mente, de muchísimo más valor.” (203)
Crítica y cción
a. Lecturas.
28 La afirmación que precede es muy importante, porque supone que el objeto de estudio
se percibe como inagotable: en el caso de Hudson, obra, autor y mundo mental de la
creación constituirían para Martínez Estrada un orbe o una suerte de cosmogonía de
cuerpos celestes que giran juntos en un mismo espacio y que no pueden reducirse a la
expresión de uno solo de ellos.
29 En consecuencia, para enfocar lo esencial de la escritura literaria de Hudson en la
segunda parte de su ensayo, no se limita en realidad a ésta, sino que recorre
prácticamente íntegra la larga lista de volúmenes que ha dividido por temas y géneros
en tres grandes grupos: “Temas de Historia Natural”; “Temas de la Naturaleza y el
Hombre”; “Novelas, cuentos, memorias”. Si bien considera que en muchos de esos
libros la personalidad del autor está “más o menos sustraída al argumento”, toda la
serie lo provee de ejemplos sobre las ideas y los temas de Hudson, sobre los personajes
y los lugares, los hombres y las mujeres, los pájaros y los animales de sus mundos de
imaginación. Y esto no podía ser de otro modo, ya que todas las obras “contienen
elementos de principal valor tomados de su vida y son, en consecuencia,
autobiográficas en mayor o menor grado, sea de su existencia física o espiritual (203)
(énfasis mío). Para el comentario puntual el ensayista se atiene en cambio a una
selección de textos coherente con los dos parámetros que más valora en la escritura
narrativa: la marca de la memoria personal del autor y el logro de representaciones
fieles a la realidad13. Pero tampoco allí puede detenerse en un marco de límites
demasiado estrechos: aborda unitariamente los relatos más canónicos en materia de
presencia autoral Allá lejos y hace mucho tiempo, La tierra purpúrea, el cuento “El
Ombú”-, pero siente también la necesidad de comentar Una cierva en el Richmond Park, al
que considera como “una amplia y profunda autobiografía” de la vida mental del
escritor.
30 El mundo contiene varias páginas sobre el tratamiento de los personajes de mujeres y de
niños en Hudson, cuestión que ya se mencionaba en el ensayo sobre Martín Fierro como
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
9
una prueba de la superioridad de su obra frente a la literatura argentina,
tradicionalmente muy pobre en tales figuras. Aunque el cuento “Marta Riquelme” no
recibe un análisis pormenorizado, se menciona el personaje femenino entre la variada
galería de protagonistas, niñas o adultas, que tienen un “halo de lo sobrenatural” y se
retiene sólo la escena final “de la transfiguración horrenda” de Marta asociándola, muy
significativamente, a una imagen interna de Hudson. Martínez Estrada resume la
escena y dice:
[Marta Riquelme], perdidos su marido y sus hijos, enloquecida, se ha identificado
con la maleza, tal como las hojas que se pudren con la humedad, antes de
convertirse en pájaro.
Esa misma impresión hubo de tener [Hudson] de sí, como ser distinto de los otros,
con menos materia y más espíritu que sus semejantes, y esto pensaron de él quienes
lo conocieron.” (244) (énfasis mío)
b. Ficciones.
31 La nouvelle que escribe Martínez Estrada en los años de redacción de su ensayo bajo el
mismo título de la novela corta de Hudson no es una reescritura de ésta. Las dos
historias no tienen en común ni el espacio-tiempo de la ficción, ni los hechos relatados,
ni la identidad del narrador, ni las características del tono narrativo; en el segundo
texto no hay parodia ni actualización irónica del primero, no hay revisión
transformadora de un modelo. Queda entonces por inferir qué los vincula.
32 Hudson cuenta el destino aciago de una muchacha blanca cautiva de los indios y presa
de diversas tragedias -muerte o pérdida de los hijos, abandono y crueldad del hombre
amado- que la van devastando hasta que pierde figura humana y se metamorfosea en
pájaro. El relato está enmarcado en la textualidad ficticia de un manuscrito - el
subtítulo de la nouvelle es: (From the Sepúlvida MSS) - y la voz del narrador, un
sacerdote, está claramente construida para hacerse cargo de los vaivenes de certeza e
incredulidad que son necesarios a la aceptación de lo extranatural. La historia parte de
un subtexto oral folklórico de las provincias del Norte argentino, la leyenda del pájaro
llamado kakué (o urutaú en el litoral), a la que Hudson da un desarrollo original sin
dejar de respetar el núcleo semántico de la transformación de una mujer en ave. Desde
el punto de vista de su localización, es una excepción entre sus ficciones literarias, que
transcurren todas, salvo Green Mansions, en la zona del Plata.
33 La nouvelle de Martínez Estrada cuenta por su parte un complicado caso de edición de
un manuscrito, objetivo que se vuelve inextricable por una acumulación de
circunstancias negativas: ausencia de la autora (la mencionada Marta Riquelme), de la
que no se conocen con certeza ni las intenciones ni los detalles biográficos;
desaparición del original, al que hay que reconstruir penosamente y que parece relatar
un secreto de incesto; defección paulatina de los diferentes actores implicados en el
proceso: intermediarios y amigos, familiares, editores, tipógrafos, etc. Como en los
relatos falsamente autorreferenciales y de círculos de literatos de Henry James o de
Borges, las homonimias y coincidencias para conocedores (mención de un manuscrito
que da origen a la historia, nombre de la protagonista y de la editorial ‘Mansiones
Verdes’, destinos aciagos que el árbol de la magnolia - como el ombú antes- proyecta
sobre las familias) desafían al lector con un pequeño grupo de referencias a Hudson que
parecen ornamentales. A primera vista, la nouvelle sería entonces portadora de una
estrategia metaficcional que transparenta en su discurso sobre lo que un texto literario
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
10
es, no es, o podría llegar a ser, asociada a una serie de referencias irónicas sobre el
mundo de las letras y a una intriga basada en el ocultamiento de una sexualidad
prohibida.
34 Si bien es necesario descartar la interpretación del cuento de Martínez Estrada a partir
de la idea de reescritura, es útil en cambio preguntarse si esos datos ornamentales que
lo introducen se limitan a desviar la atención del lector o si son, de un modo u otro,
signos pertinentes para el análisis. Una lectura detenida muestra que no se trata de
señales gratuitas, puesto que la nouvelle retoma, reelaborándolo, el gran motor ficcional
del relato de Hudson: la relación entre realidad y ficción, o entre verdad y creencia, que
en él aparece vehiculada por el discurso de la incertidumbre. El sacerdote que narra la
historia descree en principio de las leyendas indígenas que cuentan la transformación
de una mujer en pájaro, pero por fin le toca ser testigo de una de esas metamorfosis y
debatirse en la mayor confusión sobre el sentido de lo que ha presenciado. Más aún, a la
luz de ese desenlace, conclusión o síntoma de un cambio sobrecogedor, resulta ahora
imprecisa la naturaleza moral del personaje femenino. El sentimiento que domina
entonces al narrador es lo incierto del futuro, la incógnita sobre cuál será la índole de la
mujer pájaro en su próxima aparición. Esperando volver a verla y vencer la influencia
de los malos espíritus a los que atribuye en definitiva esos hechos espantosos, dice:
Día y noche ruego por esa alma que aún peregrina perdida en la gran región salvaje;
y ninguna voz reprueba mi esperanza o me dice que mi ruego es ilegítimo. Me agoto
los ojos escrutando la selva; pero no sé si Marta Riquelme volverá a mí con la noticia de su
salvación en un sueño nocturno, o si vendrá con su apariencia carnal en la plena luz del
día14. (172) (énfasis y traducción míos)
35 La oscilación certeza-incertidumbre opera así como un vehículo de verosimilitud
narrativa en Hudson, que le permite hacer un lugar a lo sobrenatural y a las creencias
autóctonas dentro de la historia sometiendo los episodios alternativamente a los
códigos de la creencia, la incredulidad, la ignorancia, la falta de certeza.
36 Por su parte, en el texto de Martínez Estrada lo que evoca a Hudson no es el
tratamiento de uno u otro motivo temático puntual ni la reconducción de un estilo
retórico o de un tono, sino la transposición de esa gran figura de la incertidumbre que
aparece amplificada, muy a la manera insistente del autor, en un discurso continuo de
lo hipotético y lo ambiguo. Ese discurso reiterativo en el cual está inmersa la voz del
narrador-curador de originales (“Martínez Estrada”) actúa como una pauta dinámica
que afecta todos los planos narrativos: domina el relato principal sobre la casi
imposible edición de un manuscrito de Memorias personales, prevalece en la
construcción de la figura ambivalente de su autora, Marta Riquelme, y esboza la imagen
del lector interno de esa obra. Por otra parte, domina la realidad ficcional de la que se
ocupa el texto a editar, es decir, los hechos y personajes del relato de segundo nivel, el
contenido (aproximado y oscuro) de las Memorias en cuestión.
37 La construcción de la nouvelle de Martínez Estrada remite entonces a dos niveles
referenciales diferentes. Por un lado, compone una alegorización de la tarea crítica
vista como una epopeya de lo incierto/imposible, que engloba al circuito del libro, la
disciplina filológica, el establecimiento de una versión definitiva, la relación entre un
texto y su autor(a), la eficacia de la lectura, la fragilidad de la interpretación, etc. Por
cierto, se puede ver en esta gran metáfora de la relación hermenéutica una huella
irónica del esfuerzo exegético del mismo Martínez Estrada frente a sus grandes objetos
de investigación literaria Hudson, por ejemplo-, a la vez que un enfoque sarcástico
sobre el mundo de la edición. Por otro lado, la nouvelle inventa una ficción de segundo
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
11
nivel donde lo incierto posible-imposible es el referente de una escritura biográfica, en
la que el espacio, el tiempo, los hechos que se cuentan, su causalidad, su desenlace, son
facetas de un secreto. Ese secreto en torno al cual giraría lo esencial de las hipotéticas
Memorias de la escritora Marta Riquelme es el mundo de la sexualidad femenina.
38 En este plano son interesantes dos nuevos elementos contextuales. En primer lugar, la
presencia de un imaginario que comparte sentidos con el de Hudson es más explícita si
se lo piensa en relación con el contenido ambivalente de la figura de la metamorfosis
como antecedente de una sospecha sobre lo ilegítimo sexual. En segundo lugar, los
motivos temáticos puntuales de las Memorias, que no remiten ya a problemas teóricos o
críticos como su encuadre ficcional, reponen los tópicos habituales de los cuentos de
Martínez Estrada, pero con una diferencia notoria en el abordaje de lo sexual como
transgresión. Son habituales en esos cuentos las casas que se agigantan y albergan
generaciones, los grupos humanos proliferantes, la probable amoralidad de las
conductas, la oscuridad de los sentimientos, la decadencia de las familias, la
recursividad de los hechos, las vidas marcadas a la vez por el destino y por un azar
absurdo, lo obsceno de la realidad. Son igualmente reconocibles ciertos rasgos del
discurso narrativo como el onirismo, las confusiones parciales del narrador, la
acumulación de datos, el gigantismo de las calificaciones, las situaciones irresueltas. En
cambio, es único el tratamiento de esa sexualidad de la protagonista enfocada desde la
niñez hasta la vida adulta, portadora a la vez de consentimiento y de interdicción,
destructiva del clan familiar (violación e incesto), silenciada y confesada, protegida por
las contradicciones del lenguaje y sometida a todas las proyecciones imaginarias de los
demás (en este caso, los lectores del manuscrito)15.
39 Esta estrategia da prueba de una lectura personal del ensayista, que desplaza toda la
zona de hipótesis, incertidumbre, desconfianza, creencia, esenciales a la construcción
del relato de Hudson, a los fines de una narración auto-refleja donde se exponen la
complejidad del objeto literatura y el sentido disperso de un texto; en otros términos, lo
inasible de una escritura dada y de su relación con un sujeto que la produce. Por otra
parte, esa lectura centra el misterio de la figura autoral en el supuesto nudo secreto de
la sexualidad femenina, articulada aquí en torno al incesto. Si el cuento contiene
también un propósito burlón sobre las costumbres adocenadas de la gente de letras,
editores y críticos incluidos, su objetivo desborda el campo de la referencia irónica y
sugiere una suerte de filosofía de la escritura que la percibe como un jeroglífico, un
palimpsesto o una criptografía cuyo sentido no es único y no está dado de antemano. En
definitiva, nada es seguro en la vida ni en la obra de la escritora Marta Riquelme, pero
esa obra existe, dice el narrador, y es “sencillamente estupend[a]” (273). A los lectores
les tocaría decidir por qué.
c. Mitos.
40 Es útil sin embargo detenerse un poco más en el lazo tendido por la homonimia entre
las dos protagonistas femeninas, suerte de puente entre dos extremos, un personaje
puro y sufriente que se vuelve un ser acechante e infernal en Hudson, y una mujer
distante cuya vida encierra un secreto que la marca como un destino oculto oprobioso
en Martínez Estrada. El punto sugiere en verdad un nivel de parentesco posible entre
ambos relatos que se puede observar por separado sin contradecir la intencionalidad
metaliteraria del segundo ya comentada antes. La ambivalencia de la escritora Marta
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
12
Riquelme resuena como un eco o una extensión asordinada de lo ominoso implícito en
la metamorfosis del primer relato, pero vehiculado ahora por los discursos
predominantemente masculinos de los que ofrecen información sobre el manuscrito o
sobre la autora, de los que lo interpretan (salvo en parte el narrador), y de lo que dicen
en general las voces sociales; por eso se intima a los lectores futuros, que también las
representan, a no proyectar sus propios fantasmas y estereotipos sobre el caso
Riquelme.
41 Se trata entonces de una suerte de traducción de lo enigmático-reprensible implícito en
el proceso de metamorfosis en una versión post-freudiana del continente oscuro de la
sexualidad infanto-juvenil. Es preciso tener en cuenta que el patrimonio occidental de
los mitos de metamorfosis ofrece versiones contrastadas del fenómeno y que si en la
tradición clásica la transformación en ave afecta a figuras positivas de destino trágico
(Filomele) –en esa línea se coloca el personaje de Rima en Green Mansions, por ejemplo–,
el caso de la Marta Riquelme de Hudson es de signo más complejo. Por una parte,
coincide con las versiones, letradas o folklóricas, que se apiadan de las figuras
femeninas trágicas, pero por otra, conserva el rasgo sobrecogedor y misterioso que
caracteriza el aspecto y el comportamiento del kakué, pájaro de la noche, pauta que
recogen también de un modo u otro las leyendas que lo mencionan. Sin olvidar que
tales leyendas, diseminadas en una vasta región que ocupan diversos países y pueblos
sudamericanos, no siempre coinciden, y que varias de ellas hacen de la muchacha
convertida en kakué un personaje negativo que es castigado16.
42 De modo que la metamorfosis, motivo mítico funcional para la resolución fantástica de
la intriga en la primera nouvelle, parece dar lugar a un desplazamiento de significados
que emergen en la segunda, desplazamiento que va del sentido enigmático y quizás
horrendo de la transformación en ave al secreto que pesaría sobre la escritora Marta
Riquelme, ocultamiento de una falta sexual que compromete la familia y la filiación17. Si
ambos imaginarios hacen equilibrio en el filo de lo ominoso sin penetrar más en él,
persiste en cambio un elemento diferencial importante en el enfoque de lo genérico
sexual: al nombrar a Marta Riquelme, Hudson habla de sufrimiento, de fidelidad y de
pasión (amorosa, materna), de pureza de alma que se ahoga en lo desconocido atroz,
mientras Martínez Estrada habla de conductas sexuales prohibidas y del silencio que las
encubre.
43 En este sentido, es interesante ver la manera en que el ensayista da cuenta de la
expresión de lo sexual en la escritura de Hudson. Si bien le atribuye sin ambages una
calidad de hombre apasionado y considera que en muchos de sus libros hay
sentimientos violentísimos, enfoques de la crueldad, resabios amargos y despiadados, y
que “su obra entera es el reflejo de su vivir apasionado y vehemente” (104), afirma
también que:
Hudson ha eliminado cuidadosamente la dramaturgia y la poética del sexo. […] [La
obra] está delicadamente purgada de esos atractivos. Pero no porque en sus obras
los personajes sean apáticos, o porque haya elegido la pintura de la virtud. Bastaría
citar La Tierra Purpúrea, libro de pasiones violentísimas en toda la gama, del amor
carnal al fanatismo político, El cuento de un Overo, Marta Riquelme, Mansiones
Verdes.
Este elemento humano presente en todas sus acciones, aun las más alejadas de
libidinosidad, se halla asimismo en las obras de Hudson, pero no pasa a ocupar el
primer plano del argumento, ni convierte a sus víctimas en torpes o ciegos instrumentos
del deseo, ni siquiera mueve desde dentro o desde lejos a los personajes. (104) (énfasis mío)
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
13
44 Por su parte, a través del préstamo textual de un nombre de mujer, Martínez Estrada
propone en su “Marta Riquelme” un juego de deícticos que señalan una transformación
diferente: lo que era puro y nítido se vuelve impreciso y transgresor, lo que estaba
oculto por inefable se vuelve sexualidad prohibida. La pasión carnal ilícita mueve los
hilos y la ruina de la vida familiar; su ley social es el secreto. Con esa figura femenina
transgresora y fantasmática creada por él, el narrador Martínez Estrada rellena,
voluntariamente o no, un casillero que su lectura ensayística de Hudson consideraba
vacío.
45 Así, la traducción operada por Martínez Estrada respecto de lo ominoso, sólo sugerido en
Hudson e incluso adjudicable en tanto interpretación de los hechos al carácter de
hombre de iglesia de su narrador, logra tocar un doble blanco. Por un lado, rinde un
homenaje cifrado a un escritor que admira a través de una invención literaria que parte
de una lectura personal intransferible. Por otro, reconduce su carga habitual de
pensador y de escritor contra la venalidad y la promiscuidad de los seres humanos y de
las familias, uno de los más notorios infiernos colectivos de sus narraciones, además de
subrayar jocosamente la productividad del acervo de lugares comunes sobre las
mujeres, consideradas irremediablemente como santas o pecadoras.
A modo de conclusión
46 Un juicio de Roland Barthes me parece pertinente para concluir este esbozo sobre la
relación entre la imponente escritura crítica de Martínez Estrada y el imaginario de una
de sus ficciones. En uno de sus artículos sobre la Recherche, Barthes describe la obra de
Proust como un todo. Partidario de una actitud alejada del marco positivista, afirma
que ante tales obras sólo caben las “ideas de investigación” (puntuales, parciales) y no
las interpretaciones totalizantes:
La Recherche du temps perdu es una de esas grandes cosmogonías que el siglo XIX,
en particular, ha producido (Balzac, Wagner, Dickens, Zola), cuyo carácter formal e
histórico es justamente éste, el de ser espacios (galaxias) que se pueden explorar al
infinito. Esto aleja el trabajo crítico de toda ilusión de “resultado” y lo desplaza
hacia la simple producción de una escritura suplementaria18 (Barthes 1984: 328)
(énfasis y traducción míos)
47 Es indudable que Martínez Estrada buscaba una interpretación totalizante de sus
objetos literarios (Hernández, Hudson) dentro de una empresa hermenéutica de
amplitud erudita mayor. Su mismo ensayo sobre Hudson insinúa, desde su título, que su
objeto es un cosmos; lo aborda en tanto tal y la tarea intenta ser exhaustiva. Pero si la
empresa utópica del intelectual crítico está en las antípodas de los enfoques
fragmentarios que Barthes preconiza, el gesto que lo lleva a la escritura de una ficción
complementaria de su propia lectura coincide en cambio con el desplazamiento
creativo que Barthes sugiere, y permite imaginar en su origen una carencia, un deseo
residual de algo que falta aún hacer cuando la lectura escrupulosa ha terminado. Si los
libros de Hudson le han servido primero como fuente de información invalorable sobre
el mundo de Martín Fierro, y se han vuelto luego objeto de un segundo ensayo, es
porque el valor de mathesis (de enseñanza o de documento) de esos textos, explorado ya
en el primer caso, no basta ni se confunde enteramente con el deseo de interpretarlos.
La proximidad emocional e imaginaria con su autor es más profunda que en el caso de
Hernández, la estimación de su valor más definida, una nueva síntesis exegética de esa
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
14
otra obra fundamental para la cultura argentina se le impone: su respuesta será El
mundo maravilloso. Sin embargo, quizás tampoco le baste la penetración escrupulosa del
investigador en una obra que lo ha solicitado tanto, porque este gran ensayista es
también un autor de ficciones, capaz de enarbolar en la escritura narrativa otra manera
de la lectura, una comprensión de la literatura y un gesto de creación propia diferentes
de los que ostenta la glosa analítica.
48 Entiendo entonces que Martínez Estrada propone en su “Marta Riquelme” un ejercicio
de escritura que vehicula un deseo más complejo que el que preside al homenaje
metaliterario. Fuera de las reglas de un ensayo, su ficción quiere responder a la
necesidad creadora que la lectura de Hudson ha despertado, haciéndose cargo de una
forma más enigmática de la transmisión literaria que no se agota en el solo lenguaje
crítico. Esa producción de una escritura “suplementaria” (Barthes), puede leerse
entonces como el comentario más audaz y eruptivo salido de la pluma de Martínez
Estrada en referencia a la influencia de la obra de Hudson en su propio mundo mental.
Naturalmente, tal escritura narrativa es también irónica, con una ironía vuelta por el
ensayista haciamismo (el ‘curador’ de manuscritos), pero no es mimética ni paródica
con respecto a su modelo. En su sarcástica intriga metaliteraria, que enfoca
centralmente los alcances de la investigación y el fracaso que ronda a los exégetas,
resuena por supuesto una voz crítica de la crítica. Esa voz posee la experiencia de los
trabajos filológicos y de la confrontación con la escritura ajena, pero no expresa sólo lo
ingrato de una labor casi imposible, sino también el placer de la imaginación y la
persistencia de la literatura. Extravagante, encriptada, ilegible, enmascarada, la
literatura (de la extraña Marta Riquelme) sigue siendo “estupenda”. Y ésa es la felicidad
del que se entrega a ella.
BIBLIOGRAPHY
Barthes, Roland, “Une idée de recherche», Le bruissement de la langue. Essais critiques IV, Paris,
Seuil, 1984, p. 327-332.
Borges, Jorge Luis, “Sobre The Purple Land”, Otras Inquisiciones, Madrid, Alianza, 1985, p. 138-142.
Brunel, Pierre (dir.), Dictionnaire des mythes féminins, Paris, Éditions du Rocher, 2002.
Fernández Moreno, César, “Martínez Estrada frente a la Argentina”, Mundo Nuevo n°1, julio 1966,
París, p. 37-47.
---, “La Argentina frente a Martínez Estrada”, Mundo Nuevo n°2, agosto 1966, París, p. 31-42.
Hudson, William Henry, The purple land [1885], New York, Random House, 1904.
--- El Ombú [1902], Leopold Classic Library, s/f.
---“Marta Riquelme”, El Ombú [1902], Leopold Classic Library, s/f., p. 125-173.
--- Green Mansions [1904], Okitoks Press, 2017.
--- Far Away and Long Ago [1918], Londres, Eland, 1982.
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
15
--- A Hind in Richmond Park [1922], Londres, Forgotten Books, 2018.
Livon- Grosman, Ernesto, Geografías imaginarias. El relato de viaje y la construcción del espacio
patagónico, Rosario (Arg.), Beatriz Viterbo, 2003.
Martínez Estrada, Ezequiel, Muerte y transfiguración de Martín Fierro. Ensayo de interpretación de la
vida argentina, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1983, 4 volúmenes.
--- El mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson, Rosario, Beatriz Viterbo, 2001.
--- En torno a Kafka y otros ensayos, Barcelona, Seix Barral, 1967.
--- Cuentos completos, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2015.
--- “Marta Riquelme”, Cuentos completos, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2015, p.
235-273.
Mizrahi, Margarita, “‘Marta Riquelme’: Una aproximación al problema del objeto en la crítica
literaria”, Hispamérica n° 60, año 20, diciembre 1991, p. 141-151.
Orgambide, Pedro, Genio y figura de Ezequiel Martínez Estrada, Buenos Aires, Eudeba, 1985.
Piglia, Ricardo, “Prólogo”, en: Ezequiel Martínez Estrada, Cuentos completos, Buenos Aires, Fondo
de Cultura Económica, 2015, p. 9-12.
Prieto, Adolfo, Diccionario básico de literatura argentina, Buenos Aires, Centro Editor de América
Latina, 1968.
Prieto, Martín, Breve historia de la literatura argentina, Buenos Aires, Taurus, 2006.
Rest, Jaime, “Martínez Estrada y la interpretación ontológica”, El cuarto en el recoveco, Buenos
Aires, Centro Editor de América Latina, 1982, p. 37-56.
Sebreli, Juan José, Martínez Estrada. Una rebelión inútil, Buenos Aires, Catálogos, 1986.
Schultz de Mantovani, Fryda, “Martínez Estrada en el mundo de Hudson”, Sur n° 207-208, enero y
febrero 1952, Buenos Aires.
Varios autores, Homenaje a Martínez Estrada, Sur n° 295, julio y agosto 1965, Buenos Aires.
Zungri, José, “Los mundos maravillosos de Martínez Estrada y Hudson”, Mester n° 10 (1), 1981,
Universidad de California, p. 82-92, Web. Consultado el: 17-01-2023.
Weinberg, Liliana, “Ezequiel Martínez Estrada: lo real ominoso y los límites del mal”, Sylvia Saítta
(dir.). El oficio se afirma. Historia crítica de la literatura argentina, Buenos Aires, Emecé, 2004, vol. 9, p.
403-435.
NOTES
1. Martín Prieto aporta una síntesis clara sobre las asincronías que rigieron la valoración de la
producción poética y narrativa de Martínez Estrada y su fama como ensayista, que opacó la
recepción de los otros géneros, al mismo tiempo que su escritura no dejaba de considerarse como
excesivamente intelectual (292-293). Este juicio sobre el error de perspectiva que produce la
primacía de sus ensayos en las valoraciones críticas se encuentra en realidad ya enunciado en
Adolfo Prieto (110).
2. La crítica ha hablado a menudo de la influencia de Kafka sobre la escritura de Martínez
Estrada, autor al que él mismo ha dedicado un ensayo en 1967.
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
16
3. Entre los comentarios sobre la nouvelle, sólo un trabajo de Margarita Mizrahi (1991) explora
sistemáticamente este aspecto, aunque considera el relato como modelo de una investigación no
únicamente literaria.
4. Para esta cronología, ver Orgambide 1985: 159 y Martínez Estrada 2015: 527. “La inundación” es
el único relato que se publica en una primera edición en 1943.
5. El período corresponde al surgimiento y auge del peronismo y a una posición cada vez más
exasperadamente opositora de Martínez Estrada. La crítica lo ha señalado abundantemente.
6. Su intensa actividad intelectual del período se expande también en torno a varios otros temas,
conferencias, viajes, artículos y colaboraciones diversas, sin olvidar que recibe el Premio de
Honor de la Sociedad Argentina de Escritores en 1948.
7. Tomo este dato de Sebreli 1986: 111.
8. Sebreli cita varias páginas de Martínez Estrada en su conocida crítica al “telurismo” y al
“anarquismo antitécnico” y ataca su adopción de “El mito del paraíso perdido, la Edad de Oro
sumergida en el pasado irrecuperable, [que] tendría en nuestro país una auténtica existencia
histórica” (1986: 70).
9. Sobre las fuerzas de destrucción de la familia, afirma: “La más profunda observación a este
respecto fue hecha por Hudson en un capítulo de Días de ocio en la Patagonia, titulado ‘La lucha
contra la naturaleza’” (942). Y en cuanto a las mujeres como personajes: “En sólo La tierra
purpúrea, de Hudson, hay tantas mujeres de carne y hueso como en todo el resto de la literatura
rioplatense” (932).
10. Martínez Estrada cita nuevamente a Hudson en español, pero en la bibliografía final anota
todas las obras en inglés. He optado por las ediciones inglesas en mi propia bibliografía. Quedaría
pendiente un cotejo que muestre en qué medida Martínez Estrada utilizaba sus propias
traducciones de los fragmentos citados.
11. En apoyo de su análisis, Martínez Estrada cita aquí largamente los artículos de Luis Franco y
de Borges de 1941 (161). En el paralelo entre Hernández y Hudson, ambos privilegian a Hudson.
12. Ya en 1952 la elogiosa reseña de El mundo en Sur recorre el trabajo de Martínez Estrada como
si fuera un documento de mismo (Schultz de Mantovani 1952). El tópico persiste en diferentes
juicios críticos. En Martínez Estrada habría una “parcialidad hacia Hudson”, visto por el ensayista
con “una admiración teñida de nostalgia”, como lo que él mismo “pudo haber sido” o “hubiera
querido ser” (Zungri 1981: 85). “La obra biográfica de Martínez Estrada (Sarmiento, Martí,
Guillermo Enrique Hudson) es ventrílocua y le permite articular desde la autoridad del otro su
propia temática: el ensayo sobre Hudson no es una excepción. Esta estrategia […] es al mismo
tiempo proyección y apropiación” (Livon-Grosman 2003: 166) (énfasis mío).
13. “Para nosotros tienen sus relatos, además de los méritos literarios, un sabor particular a
tierra sobre la que hemos vivido.” (352)
14. “Day and night I pray for that soul still wandering lost in the great wilderness; and no voice
rebukes my hope or tells me that my prayer is unlawful. I strain my eyes gazing out towards the
forest; but I know not whether Marta Riquelme will return to me with the tidings of her salvation
in a dream of the night, or clothed in the garments of the flesh, in the full light of day.”
15. Entre los cuentos de Martínez Estrada, sólo uno, “Viudez”, contiene un enfoque
sobrecogedor de una violación, que tiene lugar en pleno campo y afecta a un par de
mujeres, madre e hija. Sin eludirlo, el relato enmascara el hecho, que ocurre en época
de Carnaval (el violador es una “máscara”) y está narrado con un estilo parcialmente
alusivo. (Cuentos, 109-172)
16. Hudson alude en su nouvelle a la frecuencia con que las leyendas indígenas
americanas cuentan la transformación de seres humanos en animales (“Marta
Riquelme”, 132)
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
17
17. La figura sugestiva del ocultamiento conduce a un contenido sexual que se puede entender
como incestuoso incluso en el mito antes mencionado de la transformación de Filomele en ave
(Brunel 2002: 1561-1563). El incesto (entre hermanos en este caso) está también sugerido en
algunas versiones de la leyenda del kakué.
18. « La recherche du temps perdu est l’une de ces grandes cosmogonies que le XIX° siècle,
principalement, a su produire (Balzac, Wagner, Dickens, Zola), dont le caractère, à la fois
statutaire et historique, est précisément celui-ci: qu’elles sont des espaces (des galaxies)
infiniment explorables; ce qui déporte le travail critique loin de toute illusion de «résultat» vers
la simple production d’une écriture supplémentaire»
ABSTRACTS
This article explores the critical complex relationship built by Martínez Estrada writings on the
work of W.H. Hudson. Three different levels are identified: Hudson texts being used in essay as
socio- historical documents, literary analytical lectures of his «marvellous word», and one
allusive fiction. I propose to consider this fiction as a specific form of interpretative writing. It
translates towards new mental images the impact and suggestion of Hudson works with the
rhetorics of a metaliterary fable.
El artículo examina la compleja relación crítica que establece Martínez Estrada con respecto a la
obra de W. H. Hudson. Se estudian tres niveles de esa relación: el uso ensayístico erudito de los
textos de Hudson como documentos, el análisis literario abarcador de su “mundo maravilloso”, y
la creación ficcional que alude a él. Propongo que esta última representa una forma particular de
escritura interpretativa, que traduce en un nuevo imaginario el impacto mental de la lectura de
Hudson y su capacidad sugestiva, al tiempo que despliega un comentario metapoético sobre la
literatura.
Cet article examine la relation critique complexe que révèlent les travaux de Martínez Estrada
sur l’œuvre de Hudson. Trois niveaux s’en détachent : l’emploi érudit des textes de Hudson à la
manière des documents, l’analyse littéraire minutieuse de son «monde merveilleux», et la
création fictionnelle qui en fait allusion. L’article considère cette dernière comme étant une
forme spécifique d’écriture interprétative, qui permet de traduire dans un autre imaginaire la
capacité suggestive des textes de Hudson et leur impact sur le lecteur, tout en y articulant un
commentaire metapoétique sur la littérature.
INDEX
Palabras claves: ensayo, relación crítica, documento, ficción metaliteraria, escritura
complementaria
Mots-clés: essai, relation critique, document, fiction métalittéraire, écriture complémentaire
Keywords: Essay, critical relationship, document, metaliterary fiction, complementary writing
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
18
AUTHOR
TERESA ORECCHIA HAVAS
Université de Caen
orecchia-havas@wanadoo.fr
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
19