
24 Este aspecto es esencial para acercarse al compromiso intelectual e imaginario de
Martínez Estrada con respecto a la obra que estudia. Si en páginas de atento análisis
examina la fenomenología de cada uno de los sentidos y el significado de las
“revelaciones” de Hudson, su comentario principal concierne la concepción hudsoniana
de la memoria. Según él, un rasgo ilumina esa escritura volviéndola original y preciosa:
la memoria no actúa en ella recuperando momentos del pasado que reaparecen en el
recuerdo a partir de algún estímulo y que, así reactualizados, provocan la emoción del
sujeto y de su lector. Por el contrario, una maravillosa facultad de memoria conserva
intactos aquellos momentos y éstos reaparecen con la misma emoción que habían
suscitado al producirse por primera vez. Por eso, Hudson es capaz de convocar en sus
escritos autobiográficos las imágenes y los sentimientos de la infancia como si fuera un
niño quien los estuviera redactando, un niño cuyas vivencias e impresiones han
quedado, por así decirlo, perfectamente preservadas y activas en el hombre adulto que
escribe. En otros términos, el recuerdo no sería en este autor la consecuencia de
laboriosos estímulos mentales (la comparación con Proust es de rigor y se resuelve
lógicamente en desfavor de éste), sino “una vivencia actual”, la activación de una
matriz sensible y emotiva protegida por una memoria de excepción, “como si aún el
pasado estuviera tan vivo, tan actual, tan inmediato como el presente.” (148) Una
“facultad prodigiosa de conservar vivos sus recuerdos”; “una alucinación.” (150)
25 El sentimiento de la nacionalidad se confirma con la misma excelencia a los ojos del
ensayista, porque está en Hudson “ligado exclusivamente a sus recuerdos: casa, familia,
campo, animales, flores, vecinos, costumbres, rasgos personales y característicos, pero
de ninguna manera a la historia, a la política, a ningún dato de los que configuran a la
nación.” (157) De la extraordinaria calidad del recuerdo, así como del respeto de la
verdad sin paliativos deriva, según Martínez Estrada, esa veracidad tan peculiar de los
relatos y del retrato de la vida de la llanura que atesoran sus escritos. De allí que, por
fin, uno de los platillos de la balanza que sostiene a dos creadores geniales pese más que
el otro; hay “en Hudson más país y más ambiente que en Hernández”. (161)11
26 La profunda adhesión imaginaria del ensayista a su objeto de investigación es flagrante
también en ciertos rasgos de su estilo. Algunos capítulos contienen pasajes entusiastas,
hipótesis subrayadas por medio de la repetición, afirmaciones que no aceptan tonos
indiferentes; el rigor en los datos y la argumentación sagaz, la exposición prolija y el
cuidado en la exégesis no impiden los arrebatos enfáticos. En términos más generales,
el énfasis forma parte sin duda del comentado estilo oratorio-profético de Martínez
Estrada, pero aquí estamos lejos de los libros políticos, de las arengas y de las páginas
apasionadas de historia. En este caso, esos momentos responden a una surgente
emocional diferente, que conecta el estilo del ensayista con el del narrador, y concurre
visiblemente a dos objetivos principales; por un lado, el encomio firme de la obra, y por
otro, la construcción de la figura de Hudson según una serie de parámetros de fuerte
connotación emotiva, aunque siempre respaldados por la interpretación de datos
verificables. Se trata del Hudson exiliado, errante, encarnación de la soledad del paisaje
y del hombre, “visionario de la realidad”. Dice, por ejemplo: “¿Habría de necesitar en
adelante, en los quince años de su peregrinar de rancho en rancho, huésped de siempre
nuevos hogares, forastero, con un poco del mendigo y del ermitaño que lo
impresionaron en la niñez, habría de necesitar de casa ni de familia?” (55). Y más tarde:
¿Pero, al fin, es argentino o inglés? ¿Qué es él? ¿El? Es un hombre primitivo y puro,
un hombre de la naturaleza, un desterrado […] ¿Quién piensa en ti, cuando sales en
bicicleta a encontrarte con los duendes de tu mundo pretérito, destruido y muerto
Un sueño metapoético de Martínez Estrada
Cuadernos LIRICO, 27 | 2024
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